martes, agosto 14, 2007
Inseguridad Crónica (TV)
Pobre lumpen de mentira, los lumpen de verdusky pasaron a cobrarle el derecho de autor.
jueves, agosto 09, 2007
lunes, agosto 06, 2007
Lo qu'hirve le echa el arroz
Están estos zapatos puntiagudos, que me dicen que se llaman "stiletti" -pero yo creo que es una confusión, porque dicho nombre alude acaso más al taco que a la punta-, y que se pueden encontrar en los pies de algunas mujeres con solo bajar la vista en la calle, en el subte, en los pasillos. Bueno, me deprimen. He estudiado el asunto intensamente, con plena conciencia del campo minado que huellan mis indagaciones. La precisión se impone, ser un freak también requiere una ardua disciplina espiritual. Es cierto que no hay nada que a la larga no me deprima, pero el efecto de este tipo de calzado es invariablemente inmediato. Ni el entusiasmo más inusual resiste frente a la presencia de una chica, señora o señorita, pertrechada con estas hiperbólicas púas vacuas y pedestres. Es como si se me clavaran en el pecho. La primera reacción es defensiva: desvío la vista. Después, sobrepuesto al primer espanto, vuelvo a buscar la fuente del horror. Decía que he pensado mucho en esto, sin resultados satisfactorios. Pero hace una semana, después de un viaje en subte junto a un par de botas de esta especie, creo he dado con la punta del ovillo. Mi primer tanteo me condujo, de la mano de un poeta español ("Por tu pie, la blancura más bailable/donde cesa en diez partes tu hermosura"), a la idea de la impostura, pues aquí cesa el pie, pero no cesa el calzado. Sin embargo, eso no era suficiente, porque el argumento también vale para el taco y para cualquier otro truco (Trucco, en italiano define tanto engaño de un mago como el maquillaje) Y yo en general no tengo nada contra el artificio, más bien al contrario. Tenía que haber algo más. No se trataba de la impostura en sí, sino de un tipo particular de impostura. Cuando comentaba mi fracaso con mi mujer, en mi desesperado discurso se coló una frase reveladora: "No sé, son como los zapatos de un payaso". Me escuché decirlo y me enamoré de la idea. ¿O acaso hay algo más deprimente que el circo, por el amor de Dios? ¡Es eso, es eso!¡Tiene que ser eso! concluí. No sé si he llegado a una verdad significativa de las profundidades de mi ser. Poco me importa. Lo que es impagable es que ya no temo el acecho de los malditos "stiletti". Y que me ahorré la terapia, obvio.
miércoles, agosto 01, 2007
Odontológica y schopenhaueriana
En la oscura y misteriosa duermevela,
buscándome una muela con la lengua,
encontré
la angustia metafísica.
buscándome una muela con la lengua,
encontré
la angustia metafísica.
martes, julio 31, 2007
¿Califica?
Me desvelé a la madrugada después de haber soñado que me destruían mi banco de trabajo. Más tarde me caí desde una altura considerable mientras sostenía una tabla. Casi me rompo una pierna y la tabla hizo una marca fulera en la pared recién pintada. Comprobé que algunas de las tablas que hice cortar para terminar la biblioteca van a quedar cortas. Salí para el trabajo y un pájaro me cagó sobre la bufanda. No tenía plata para el subte y pasé por un cajero. Una vieja intentó colarse. Pobre mujer, eligió mal día para hacerlo. LLegué al trabajo, prendí la PC y descubrí que el cursor no se movía. Tuve que ajustar el plug del mouse y reiniciar la máquina. Sonó el teléfono, atendí, preguntaron por mi jefa (que no está) y tuve que mentir. Me anunciaron un tremendo kilombo intralaboral. La única buena noticia del día es que probablemente me despidan.
¿Son suficientes los elementos de esta enumeración para calificar a este martes como un verdadero DÍA DE MIERRRRRDA?
Update: Lo que faltaba: ahora resulta que podría llegar a ser psicótico.
¿Son suficientes los elementos de esta enumeración para calificar a este martes como un verdadero DÍA DE MIERRRRRDA?
Update: Lo que faltaba: ahora resulta que podría llegar a ser psicótico.
jueves, julio 26, 2007
Isn't she lovely?
Escena: Mediodía, en el subte, entre madres y niños de vacaciones.
She: -Menos mal que me saqué el abrigo, si no me ahogo. Yo no sé cómo aguantás vos con esa campera.
Me: -Es un truco que aprendí hace muchos años...
She: -La indolencia...
Me: -...
She: -Menos mal que me saqué el abrigo, si no me ahogo. Yo no sé cómo aguantás vos con esa campera.
Me: -Es un truco que aprendí hace muchos años...
She: -La indolencia...
Me: -...
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Escenas de la vida conyugal
miércoles, julio 25, 2007
Cena romántica
Escena: restaurant francés, su cumpleaños.
She: -Ah, no te conté, al final hoy me hice la ecografía mamaria. ¿Te cuento?
Me: -¡Pero claro! Tengo toda la noche.
She: - Bueno, mis tetas no son tan grandes...
Me: -...
She: -Ah, no te conté, al final hoy me hice la ecografía mamaria. ¿Te cuento?
Me: -¡Pero claro! Tengo toda la noche.
She: - Bueno, mis tetas no son tan grandes...
Me: -...
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Escenas de la vida conyugal
lunes, julio 23, 2007
Lo real
Cualquier lector de Balzac sabe, aun si no ha tenido la experiencia de lo real, que la pensión es el refugio de los desclasados. Durante un tiempo viví en una que tenía por nombre el apellido del español pequeño y desconfiado que la regenteaba. Yo la llamaba la pensión Wakefield, no porque su nombre verdadero fuera menos literario, sino porque quedaba a la vuelta de la que acababa de dejar se ser mi casa. Quebrado como estaba, me acomodé rápidamente al catálogo de calamidades y miserias que adornaban el lugar. Me tocó una pequeña habitación que alguna vez había sido amarillenta. A mi izquierda vivía un viejo tuerto que lucía una camiseta sin mangas, inamovible como su ojo de vidrio. Dos ocupaciones monopolizaban su celo: pulsar azarosamente las cuerdas de una guitarra y mirar “Chiquititas” a todo volumen entre las rayas de un televisor en blanco y negro. El hombre no sabía tocar el instrumento y tampoco se molestaba en aprender, ni siquiera en afinarlo. Simplemente rasguñaba las cuerdas durante horas al dictado de su capricho.
A mi derecha vivía una familia de enanos integrada por un padre y su hija. Ella opinaba que un hombre que pasa más de un mes sin coger es, sencilla y necesariamante, homosexual. Posiblemente fue pura casualidad que me diera a conocer esa opinión al mes de mi llegada a la pensión. He sido siempre deficiente en eso de interpretar gestos, señas, ultimátums.
Una tarde de sol subí a la terraza a lavar un jean en el laundry de la pensión: dos piletones con tabla de madera y un pan de jabón blanco. Mientras enjuagaba la prenda subió una espléndida rubia en bikini rosa y se tiró a tomar sol. Pronto empezamos una conversación: “¿Vos a qué te dedicás?” arrancó ella. “Yo doy clases” contesté “¿Y vos...?” “Yo hago la calle”. Yo hasta entonces pensaba que esos diálogos sólo podían ocurrir en un película barata. Pero no. También se dan en lo real o, al menos, en las pensiones.
A mi derecha vivía una familia de enanos integrada por un padre y su hija. Ella opinaba que un hombre que pasa más de un mes sin coger es, sencilla y necesariamante, homosexual. Posiblemente fue pura casualidad que me diera a conocer esa opinión al mes de mi llegada a la pensión. He sido siempre deficiente en eso de interpretar gestos, señas, ultimátums.
Una tarde de sol subí a la terraza a lavar un jean en el laundry de la pensión: dos piletones con tabla de madera y un pan de jabón blanco. Mientras enjuagaba la prenda subió una espléndida rubia en bikini rosa y se tiró a tomar sol. Pronto empezamos una conversación: “¿Vos a qué te dedicás?” arrancó ella. “Yo doy clases” contesté “¿Y vos...?” “Yo hago la calle”. Yo hasta entonces pensaba que esos diálogos sólo podían ocurrir en un película barata. Pero no. También se dan en lo real o, al menos, en las pensiones.
lunes, julio 16, 2007
Señales
Cuando mi nuevo vecino me golpea la puerta para pedirme con urgencia algo que sirva para improvisar un disfraz porque tiene una fiesta esa misma noche, cuando el lunes siguiente un trámite me requiere en una esquina en la que hay una casa de disfraces que jamás había advertido, cuando esa misma tarde una vieja amiga me manda un mail para invitarme a su fiesta de cumpleaños y en el "flyer" adjunto descubro que hay que ir rigurosamente disfrazado, no tengo el menor escrúpulo en confesar que tiendo a interpretar estos hechos lisa y llanamente como "señales". Compulsión de repetición, dirá el Freud de turno, caprichos del azar, los descreídos en general. Es posible, no me escandalizan esas reservas, y por eso no insisto y no menciono esa sensación en la espalda, esa leve presión como de preñez del aire, grávido de acontecimientos en ciernes. Ni siquiera me preocupa si la novedad que se prepara es buena o es mala, indulgente u ominosa.
Porque de cualquier modo, yo soy un concienzudo ignorador de señales, y, naturalmente, jamás asistí a la fiesta.
Porque de cualquier modo, yo soy un concienzudo ignorador de señales, y, naturalmente, jamás asistí a la fiesta.
jueves, julio 12, 2007
Probé de todo, pero...
En mi mundo ideal todos tenemos que tener una granja de media hectárea con vaca apersogada. Si no me pueden prometer eso, vuelvan más tarde.
viernes, julio 06, 2007
Nascondi le cose lontane
Pocos días después de la mudanza me vi compelido a revisar aquellas cajas perennemente arrastradas de casa en casa durante muchos años. Se trata de esas cajas que una y otra vez había juzgado irreductibles. Cajas con fotos, cartas, diplomas de la infancia y todo un coro de viejas veleidades ya disfónicas.
Era de noche. Me senté en el suelo junto a una caja enorme bajo la desnuda luz de una bombita (Todavía no puse ni una lámpara). Empecé a sacar cosas. Tiré cuadernos, estampitas, postales, tarjetas, souvenirs, pedacitos secos de melancolía. Releí algunas cartas de esas, las que todos tenemos y ninguno nombra. Mientras revisaba, encontré un carnet de un club al que debo haber ido dos meses cuando tenía siete u ocho años. Tenía la foto en blanco y negro de un chico que no reconocí. "Parece la foto de un chico muerto" pensé. El peinado con raya al costado, la camisa a cuadros, los ojos batiéndose en retirada. Le mostré la foto (¿mi foto?) a ella y lo dije en voz alta: "Mirá, parece la foto de un chico muerto". En ese exacto momento explotó la bombita con un ruido seco y ella pegó un grito. Nos quedamos casi a oscuras. Mirándonos mudos, en la piadosa penumbra.
Nascondi le cose lontane,
tu nebbia impalpabile e scialba,
tu fumo che ancora rampolli,
su l'alba,
da' lampi notturni e da' crolli
d'aeree frane!
Nascondi le cose lontane,
nascondimi quello che è morto!
Ch'io veda soltanto la siepe
dell'orto,
la mura ch'ha piene le crepe
di valerïane.
Nascondi le cose lontane:
Le cose son ebbre di pianto!
Ch'io veda i due peschi, i due meli,
soltanto,
che dànno i soavi lor mieli
pel nero mio pane.
Nascondi le cose lontane
che vogliono ch'ami e che vada!
Ch'io veda là solo quel bianco
di strada,
che un giorno ho da fare tra stanco
don don di campane...
Nascondi le cose lontane,
nascondile, involale al volo
del cuore! Ch'io veda il cipresso
là, solo,
qui, solo quest'orto, cui presso
sonnecchia il mio cane.
Giovanni Pascoli, Nebbia (1899)
Era de noche. Me senté en el suelo junto a una caja enorme bajo la desnuda luz de una bombita (Todavía no puse ni una lámpara). Empecé a sacar cosas. Tiré cuadernos, estampitas, postales, tarjetas, souvenirs, pedacitos secos de melancolía. Releí algunas cartas de esas, las que todos tenemos y ninguno nombra. Mientras revisaba, encontré un carnet de un club al que debo haber ido dos meses cuando tenía siete u ocho años. Tenía la foto en blanco y negro de un chico que no reconocí. "Parece la foto de un chico muerto" pensé. El peinado con raya al costado, la camisa a cuadros, los ojos batiéndose en retirada. Le mostré la foto (¿mi foto?) a ella y lo dije en voz alta: "Mirá, parece la foto de un chico muerto". En ese exacto momento explotó la bombita con un ruido seco y ella pegó un grito. Nos quedamos casi a oscuras. Mirándonos mudos, en la piadosa penumbra.
Nascondi le cose lontane,
tu nebbia impalpabile e scialba,
tu fumo che ancora rampolli,
su l'alba,
da' lampi notturni e da' crolli
d'aeree frane!
Nascondi le cose lontane,
nascondimi quello che è morto!
Ch'io veda soltanto la siepe
dell'orto,
la mura ch'ha piene le crepe
di valerïane.
Nascondi le cose lontane:
Le cose son ebbre di pianto!
Ch'io veda i due peschi, i due meli,
soltanto,
che dànno i soavi lor mieli
pel nero mio pane.
Nascondi le cose lontane
che vogliono ch'ami e che vada!
Ch'io veda là solo quel bianco
di strada,
che un giorno ho da fare tra stanco
don don di campane...
Nascondi le cose lontane,
nascondile, involale al volo
del cuore! Ch'io veda il cipresso
là, solo,
qui, solo quest'orto, cui presso
sonnecchia il mio cane.
Giovanni Pascoli, Nebbia (1899)
miércoles, junio 27, 2007
Kaddish
Ordenando y tirando cosas después de la mudanza...
She: ¿Por qué tenés un kaddish?
Me: No, es un poema de Allen Ginsberg. Lo escribió cuando murió su madre. De un tirón.
She: ¿La madre de Ginsberg murió de un tirón?
Me: ...
She: ¿Por qué tenés un kaddish?
Me: No, es un poema de Allen Ginsberg. Lo escribió cuando murió su madre. De un tirón.
She: ¿La madre de Ginsberg murió de un tirón?
Me: ...
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Escenas de la vida conyugal
jueves, junio 21, 2007
Un deber
Para los que confunden una heladera en el pecho con una heladera en la cabeza.
Para los que hablan de fúbol lírico y no tienen ni puta idea de lo que es la poesía lírica (Y desde luego no saben que la poesía empezó siendo épica, lo que les impide entender ciertas cosas elementales).
Para Macaya, que por odiarlo siempre entra en off side.
Para los hinchas de independiente, que empezaron silbando y terminaron mudos.
Y por tu rebelión irreductible que es lírica y es épica (la del hombre solo, la del héroe que regresa y vence).
GRACIAS, ROMÁN
Para los que hablan de fúbol lírico y no tienen ni puta idea de lo que es la poesía lírica (Y desde luego no saben que la poesía empezó siendo épica, lo que les impide entender ciertas cosas elementales).
Para Macaya, que por odiarlo siempre entra en off side.
Para los hinchas de independiente, que empezaron silbando y terminaron mudos.
Y por tu rebelión irreductible que es lírica y es épica (la del hombre solo, la del héroe que regresa y vence).
GRACIAS, ROMÁN
miércoles, junio 20, 2007
Que Dios y Huguito del Carril me perdonen
No en la religión, sino en la poesía encontré el consuelo.
No en el trabajo, sino en la tristeza encontré la dignidad.
No en el trabajo, sino en la tristeza encontré la dignidad.
martes, junio 19, 2007
miércoles, junio 13, 2007
Piedad impersonal (Paupérrimo homenaje a un poeta checo)
¿Adónde iría la chica sentada frente a mí en el subte, con los ojos algo enrojecidos, cierto aire de fastidio y un libro gastado de tapas amarillas cerrado entre las manos? Tuve que inclinarme disimuladamente para poder leer el título en el lomo: Mi primer millón. Era la respuesta: la chica no iba a ningún lado.
viernes, junio 08, 2007
jueves, mayo 31, 2007
"Da macht ein Hauch mich von Verfall erzittern"
Mugre, Mcdonald's, mendicantes, proxenetas. Un bingo olorafrito y una "familia de ojos"* que contempla esta cima/sima de la civilización parapetada detrás de sus bufandas. Hacía mucho que no caminaba por la parte peatonal de Lavalle.
*Pido perdón por esta y cualquier otra OBVIEDAD que este texto contenga. No somos dignos, no somos dignos.
*Pido perdón por esta y cualquier otra OBVIEDAD que este texto contenga. No somos dignos, no somos dignos.
jueves, mayo 24, 2007
STB, la leyenda
Nunca sabré bien en qué bar o pizzería nació la Santana Tinto Brass. Bebedor consuetudinario y nómade, no podré nunca recordar adónde fue. Tal vez mis amigos y co-fundadores puedan ayudarme. Lo que sí recuerdo, acaso por deformación profesional, es que todo surgió de un juego de palabras que puso en contacto distintas "series" de la cultura, por decirlo grandilocuentemente. Bien pudo haber sido así: uno mencionó su gusto por Carlos Santana, otró agregó insidiosamente: "Santa Ana tinto" y un tercero remató: "Tinto Brass". La música, la enología (los malintencionados dirán la dipsomanía) y el cine equis-equis fueron entonces los espíritus tutelares de nuestra efímera banda, cultora de una música digna del músico mexicano, pero interpretada con la calidad del Santa Ana tinto y arreglada con el dudoso gusto de los films del director italiano Tinto Brass. Finalmente, lo de "Brass" agregaba una nota de ironía, porque nuestra formación carecía de la sección de bronces que aquel sustantivo promete. Nuestra formación fue variando. Originalmente éramos un cuarteto: el Capitán M, el Trompo Promiscuo, D. y yo. Nuestra primera etapa fue muy tecnológica. No ensayábamos, casi no tocábamos. Simplemente grabábamos, guiados por el fino oído y el enorme sentido de productor del Capitán. Nuestro primer hit fue una versión punk de "Il cuore è uno zingaro" de Nicola Di Bari. Después de aquello, el primero que tuvo la sensatez de ir bajándose de a poco fue D. Convertidos en trío, cambiamos también hacia un formato más acústico: el capitán M. en violoncello, el Trompo Promiscuo en acordeón a piano y yo en guitarra y voz (ay, dios). Para entonces ya no grabábamos, simplemente ensayábamos. "Noche de ronda" de Agustín Lara, "Tonight" de David Bowie, "Malandragem" de Cazuza fueron algunos de nuestros caballitos de batalla que sonaban en aquel ph del Once que yo compartía con V. (la chica que me tomaba el Jack Daniels en mi ausencia). Tampoco quisiera olvidar nuestra bellísima versión bossa de la suicida "Gloomy sunday", tema que sin dudas merece un post aparte. Durante un tiempo tuvimos una cantante, muy educadita y muy prolija. Pero no duró. También probamos un percusionista, pero se cansaba (juro que no es un chiste). De a poco nos fuimos terminando de deshilachar. Las piadosas prisas de la vida moderna atentan contra nuestras veleidades. El capitán M. nos abandonó para irse a tocar música evangelista y dar clases de electrónica y el acordeón a piano del Trompo empezó a juntar telarañas, lo mismo que mis guitarras, pobrecitas. Se ha dicho muchas veces: todo lo bello debe morir. Quedará sólo el recuerdo en aquellos pocos privilegiados que azarosamente presenciaron nuestros ensayos. Pero quién sabe, acaso el espíritu de la Santana Tinto Brass Band todavía esté rondando por ahí y quién te dice, cualquier día de estos nos da la sorpresa y se nos vuelve a aparecer. Brindo por eso, queridos amigos.
martes, mayo 22, 2007
Nosotros mayestático, vosotros vafangulo
En las reuniones sociales nunca falta un imprudente que, una vez informado de nuestras actividades mediante preguntas rayanas a la indiscreción, se dedica a tomarnos examen sobre nuestra capacidad, nuestros conocimientos y nuestra formación. Lo hacen de tal modo que parece que lo que en realidad buscan no es otra cosa que confirmar y hasta demostrarnos lo que ya saben, es decir, que ellos son sin dudas más listos que nosotros y que harían nuestro trabajo mucho mejor. Todo esto hemos aprendido a sufrirlo con paciencia. Pero que ese mismo imprudente nos asalte con insistentes preguntas directas sobre nuestro patrimonio e ingresos es algo que nos hace hervir la sangre. Si hablar de dinero es de mal gusto, mucho más lo es en la mesa y con un desconocido. Se ve que su mujer tampoco juzgaba innoble o indigno el tópico porque se ocupó de informarnos a todos que cada vez que va al supermercado no gasta menos de ochocientos pesos.
viernes, mayo 18, 2007
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina
Tengo por fortuna no ser un literato, razón que me habilita a acudir a veces a las citas evidentes, sin que colegas eventuales, siempre tan crueles, se detengan a señalar en mi conducta un catálogo de ingenuidades. En este caso, se trata de un poema famosísimo (una obviedad, si ud. es literato pase de largo, lo damos por sabido)que mi madre se sabe de memoria y que siempre me recitaba durante mi infancia. Naturalmente, yo no entendía ni la mitad. Pero ahora entiendo, te lo juro.
RETRATO
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y más que un hombre al uso que sabe su doctrina
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y está al partir la nave que nunca ha de tornar
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
RETRATO
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y más que un hombre al uso que sabe su doctrina
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y está al partir la nave que nunca ha de tornar
me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
martes, mayo 15, 2007
martes, mayo 08, 2007
Las víctimas de la espera II
Manantial y yo habíamos esperado ese momento durante tres meses, desde que me llegó la noticia. Compramos tinto, pan y un pedazo de queso. En casa había salame picado fino y chorizo colorado. Nos sentamos frente al televisor y dimos cuenta de la picadita mientras nos íbamos poniendo en clima viendo un partido de fútbol (Vélez vs. San Lorenzo). Un poco más tarde pedimos empanadas. Manantial, en un exceso de entusiasmo, incluyó en la lista una de "champignon", que por supuesto permaneció intacta. Comimos, bebimos y esperamos. La botella empezaba a agonizar y el evento no comenzaba. Seguimos esperando. Fumamos. Volvimos a fumar. Incrédulos, cambiábamos frenéticamente de canal. Todo fue inútil. Jamás transmitieron la pelea del Golden Boy vs. Mayweather en las Vegas. Tuvimos que conformarnos con un combate en directo desde Trenque-lauquen.
viernes, mayo 04, 2007
Las víctimas de la espera
Anoche soñé que Manantial y yo estábamos en una especie de institución mental. Permanecíamos sentaditos en una sala de espera que se parecía mucho a la de las estaciones de ferrocarril de pueblo. Esperábamos y nada sucedía. Pero de alguna manera nos enterábamos que en esa institución se alojaban varios presidentes de Estados Unidos, pero en chalecitos preferenciales. Después aparecía un italiano entrecano y simpático que nos pedía discreción respecto de su origen (era siciliano)para que no se dieran cuenta de que era de la mafia. Creo que era a él que le decíamos que teníamos hambre. La cuestión es que al rato aparecía Verónica Lozano con una bandeja llena de bocaditos exquisitos y nos los ofrecía de keruza. Después no me acuerdo más. ¿es grave, doc?
jueves, mayo 03, 2007
Tu máscara de arcilla
Nosotros llegamos cansados, sucios de polvo y de pintura. Ella también está pintada. La cruzamos en el pasillo, maquillada y vestidita. Diez minutos después nosotros estamos desparramados en la cama y ella en un programa de TV. La cruzamos haciendo zapping.
miércoles, abril 25, 2007
Autodidacto
El martes pasado cayó un rayo que dejó a la computadora que uso en el trabajo aislada de internet y de la red interna. Por esta razón no solo no pude hacer mi trabajo, sino que ni siquiera pude boludear. Pero estuvo bien, aproveché el tiempo y leí un libro sobre la historia de Constantinopla desde la caída en 1453 hasta 1924 y otro sobre las Brigadas rojas. Y sí, no solo con la bebida soy desordenado.
jueves, abril 12, 2007
En la marmolería
Justo cuando la señora estaba por informarnos sobre el valor del granito entraron tres hombres y preguntaron por una urna. “¿Para qué?” preguntó la señora. Ni el más joven ni el más viejo respondieron. “Para cenizas” dijo el tercero. La señora entonces les fue señalando todos los modelos mientras decía los precios. “40, 50, 100”. Pero el precio no era el problema. El problema era el tamaño “porque va a ir al panteón de actores y es muy chico el espacio que hay”. “Llevelá” dijo la vendedora “Llevelá y la prueba. Si no entra me la devuelve. Eso sí, tiene que ser ahora porque una vez que le pone las cenizas ya no le puedo devolver el dinero”. Casi sin parlamentar los tres hombres decidieron ir a probar con dos urnas distintas. “Le dejo un documento” dijo el portavoz del trío de deudos. “No, no” dijo la mujer “no se va a ensuciar por una urna. Vaya y después me la trae”. Los hombres salieron en silencio y cruzaron la calle hacia el cementerio.
“¿De qué color son los muebles de la cocina?” preguntó la mujer.
“¿De qué color son los muebles de la cocina?” preguntó la mujer.
martes, abril 10, 2007
Terapia
Según dice Leonard Cohen en su novela Beautiful losers, los iroqueses entienden la enfermedad como la manifestación de un deseo no realizado, por eso, cuando alguien se enferma le llevan toda clases de cosas con la esperanza de dar con el objeto deseado. Claro que a veces no es tan fácil. Hoy por ejemplo mi mayor deseo sería decirle algo a la imbécil que me gritó. Algo como: "Verá, no se los doy sólo porque no corresponde. No se los doy porque usted es una loca de mierda". Pero no puedo hacer eso. Podría, pero supongo que por un lado no me conviene. Ahora, si los iroqueses tienen razón, voy a enfermarme. Y seguro que ninguna de mis visitas me va a traer a la loca de mierda para que yo pueda decirle todo lo que se merece. Espero que con escribirlo acá sea suficiente.
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viernes, marzo 30, 2007
Falso chamán, man
Anoche con Tazelaar tuvimos otra sesión de lija y whisky, pero el chamán faltó. Acaso se habrá enfermado, si es que los chamanes se enferman como el resto de los mortales. En su puesto de lucha contra el mal frente a los micrófonos había otro, pero no era lo mismo, este se hacía más el doctor y le faltaba la onda y el vértigo de nuestro querido chamán. Sin embargo escuchamos, reverentes, al sanador vicario. El primer llamado fue de Alberto de Goya, Corrientes. El nuevo chamán le sugirió que le jugara al 302 y le reveló al buen correntino que estaba regido por el planeta "Nepturno" (sic), que probablemente sea parecido a Neptuno pero con anillos como Saturno. Después le advirtió que su vecino le había hecho un daño. Le había esparcido tierra de cementerio en su casa y había arrojado sobre su techo "bolsadas de orines". Esto a Tazelaar y a mí nos pareció muy poético, pero no tanto como para no extrañar a nuestro primer chamán. Yo, por mi parte, solo para llevarle la contra al nuevo que recomendó jugarle al 302, le acabo de jugar al 203 a la cabeza. Después les cuento como me fue.
miércoles, marzo 28, 2007
¿Qué se fizo el buen Julián?¿Qué fue de tanto galán?
Vaya esta redondilla en homenaje a un caballero argentino, por si algún día le da por googlearse. ¡Salud!
¿Qué será de Julián Ponce,
el jabalí del oeste?
¿Aún montará en hembra hueste
En algún telo del Once?
¿Qué será de Julián Ponce,
el jabalí del oeste?
¿Aún montará en hembra hueste
En algún telo del Once?
lunes, marzo 26, 2007
La lija o el chamán, man.
-Limpiar de restos de yeso los ladrillos de la bovedilla con un cepillo de acero.
-Lijar todas las vigas.
-Poner protector a los ladrillos.
-Limpiar las vigas con tyner.
-Sacar la pintura descascarada.
-Enduir.
Y lijar, lijar, lijar. Lijar como un pelotudo.
Una vez me dijo Tazelaar algo así: "Si querés ser mejor persona, ponete a lijar paredes". Si eso es cierto, ya debo ser un maldito santo del cielo.
Por suerte conseguí algo de ayuda. El sábado vinieron V., el Trompo y Manantial (aunque él se dedicó exclusivamente a supervisar). Y los jueves a la noche, viene el propio Tazelaar y nos ponemos a lijar hasta la madrugada, tomando whisky del pico y escuchando a un chamán en una Spica que me prestó mi padre. Este jueves el hermanito cacique nosécuánto recomendó a sus oyentes preparar un vaso con agua y tomar tres sorbitos mientras decía unas oraciones. La idea es que eso te ayuda a ganar en los juegos de azar. Nosotros agua no teníamos, así que tomamos tres sorbitos de whisky. Yo le dije a Tazelaar que si con agua funciona, mucho más va a funcionar con "agua de vida", que es la etimología de whisky. Ahora estamos cubiertos por todos lados: o santos o millonarios. Te lo digo, si no nos salva la lija nos salva el chamán.
-Lijar todas las vigas.
-Poner protector a los ladrillos.
-Limpiar las vigas con tyner.
-Sacar la pintura descascarada.
-Enduir.
Y lijar, lijar, lijar. Lijar como un pelotudo.
Una vez me dijo Tazelaar algo así: "Si querés ser mejor persona, ponete a lijar paredes". Si eso es cierto, ya debo ser un maldito santo del cielo.
Por suerte conseguí algo de ayuda. El sábado vinieron V., el Trompo y Manantial (aunque él se dedicó exclusivamente a supervisar). Y los jueves a la noche, viene el propio Tazelaar y nos ponemos a lijar hasta la madrugada, tomando whisky del pico y escuchando a un chamán en una Spica que me prestó mi padre. Este jueves el hermanito cacique nosécuánto recomendó a sus oyentes preparar un vaso con agua y tomar tres sorbitos mientras decía unas oraciones. La idea es que eso te ayuda a ganar en los juegos de azar. Nosotros agua no teníamos, así que tomamos tres sorbitos de whisky. Yo le dije a Tazelaar que si con agua funciona, mucho más va a funcionar con "agua de vida", que es la etimología de whisky. Ahora estamos cubiertos por todos lados: o santos o millonarios. Te lo digo, si no nos salva la lija nos salva el chamán.
viernes, marzo 23, 2007
Par délicatesse j’ai perdu ma vie
Viajar en la ciudad exige muchas energías. El subte D es una caldera y tres de los cinco días hábiles funciona con demora. Los colectivos ya no son lo que eran. Ya no se puede leer en los medios de transporte, que están llenos de charlatanes con celular ¿Tienen tanto para decirse? Salir en auto un día de semana es una empresa imposible (Me pregunto por qué en este país la mayoría de los coches no tienen guiño). Todo es agotador. Y después, encima, trabajar.
Pero lo más agotador es el inútil esfuerzo que dedico a disimular que soy una persona educada. Y es que no puedo hacer otra cosa que intentarlo, aunque sea trágicamente, porque en cuanto se dan cuenta de la terrible verdad, no paran hasta matarte. Puedo jurarlo. ¡Vampiros, vampiros!
Mi abuela me decía: “Si querés que te traten bien, tenés que tratar mal”. Y tenía razón, lo compruebo invariablemente. Pero no puedo, no me sale. Qué pena, no aprendí nada de mi abuela, me iría tanto mejor...
Pero lo más agotador es el inútil esfuerzo que dedico a disimular que soy una persona educada. Y es que no puedo hacer otra cosa que intentarlo, aunque sea trágicamente, porque en cuanto se dan cuenta de la terrible verdad, no paran hasta matarte. Puedo jurarlo. ¡Vampiros, vampiros!
Mi abuela me decía: “Si querés que te traten bien, tenés que tratar mal”. Y tenía razón, lo compruebo invariablemente. Pero no puedo, no me sale. Qué pena, no aprendí nada de mi abuela, me iría tanto mejor...
miércoles, marzo 21, 2007
Metonimias: El bourbon

Si hemos de dar crédito a la versión de Robert Graves, la palabra vino es una metonimia del tipo continente/contenido, porque según él deriva del vocablo cretense oinos que designaba las vasijas en las que solía almacenarse y transportarse la generosa bebida. Lo que sí es cierto es que si yo digo que me tomé un borgoña estoy utilizando una metonimia que alude al producto por su región de origen, aunque puede suceder (y muy a mi pesar es lo más probable) que lo que yo haya tomado haya sido una imitación mendocina de un vino típico de la Bourgogne (Me adelanto a las posibles objeciones de los maestros de retórica y a la plétora de bienaventurados a los que les calza tan bien el verbo inglés to patronize y advierto que cuando digo “metonimia” lo digo en sentido general, es decir que incluyo la sinécdoque.). Algo parecido sucede con el bourbon. En principio, un bourbon es un whisky producido en el condado de Bourbon, llamado así en honor a los borbones y cuya ciudad cabecera se llama Paris. Naturalmente no todo el bourbon que se produce hoy en día proviene de allí. Bourbon designa un tipo de whisky que se produce en cualquier lugar, pero “a la manera de” aquel que solía hacerse en el condado y, por ley, debe estar hecho con 51% de maíz. Mis queridos amigos de Jack Daniels sostienen que lo que sale de sus alambiques en Lynchburg, Tennesse, no es un bourbon, sino un Tennessee whiskey (sic), lo que no quita que se parezca más a un bourbon que a un scotch (Metonimia geográficamente más generosa). Sus argumentos se centran fundamentalmente en el proceso de filtrado en carbón que ellos realizan y que le da al Jack Daniels sus notas ahumadas. Pero yo no dejo de sospechar la presencia de un deseo de distinguirse de los vecinos o acaso de cierto orgullo acompañado de un rigor léxico que los hace tomar la metonimia al pie de la letra: si no está hecho en Bourbon (¡Y ni siquiera en Kentucky!), no es un bourbon. Yo por suerte no tengo esos problemas y te tomo lo mismo Jack Daniels que Jim Beam. Qué me importa si unos lo llaman bourbon y los otros whiskey, si después de clavarme varios vasos yo ni sé quien soy, ni de donde vengo, ni como me llamo. Y eso tampoco me importa. Salud.
lunes, marzo 19, 2007
Manejando por Libertador...
She:-Lo bueno de las despedidas de soltera de las lesbianas es que la torta no tiene que tener forma de pene y todas esas estupideces. Con que tenga forma de torta ya está.
Me:...
Me:...
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Escenas de la vida conyugal
viernes, marzo 16, 2007
sciuscià
Me: -No escuché bien: ¿Querés o necesitás?
She:-Querer o necesitar, en términos de zapatos, es exactamente lo mismo. Ya deberías saberlo a esta altura.
She:-Querer o necesitar, en términos de zapatos, es exactamente lo mismo. Ya deberías saberlo a esta altura.
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Escenas de la vida conyugal
jueves, marzo 15, 2007
martes, marzo 13, 2007
Mi planta de palta, aguacate o avocado.

No debe haber en el mundo semilla más tentadora para sembrar que la de la palta, aguacate o avocado. Ese carozo enorme, esférico y contundente ejerce una fuerza que acaso no es otra cosa que sensualidad, la fuerza por la que la vida se abre camino, a pesar de todo lo que se le opone, empezando por las dificultades de la riesgosa estrategia de la reproducción sexuada. Cada vez que abro una palta extraigo con mucho cuidado la semilla y palpo con los dedos durante unos instantes su fecunda redondez y jamás la tiro a la basura sin una vaga sensación de duelo.
Descubrí la palta, aguacate o avocado, cuando tenía alrededor de diez años en la cocina de mi casa. Todavía no había explotado la revolución gastronómica que rige hoy nuestros paladares (Y mucho menos en el campo). Supongo que hoy en día hasta el gaucho más infeliz ya conoce los secretos del guacamole y ha frecuentado más de un restaurante mexicano. Para mí fue una novedad y mi sorpresa fue mayor cuando pude ver la semilla. Poco rato después estaba en el patio haciendo un pozo desmesurado para enterrarla. Era tan profundo que creo que fue un milagro que brotara, pero mi lógica no era del todo torpe: si la semilla era enorme, el pozo debía serlo también. Por un tiempo me olvidé del asunto, hasta que mi tía abuela Lily descubrió la planta mientras limpiaba los canteros de malezas. “Eso no es un yuyo” me dijo. “No –dije yo- esa es mi palta”. En pocos años el falso yuyo se convirtió en un árbol altísimo y dio muchísimas paltas, aguacates o avocados. Yo a cambio lo regaba, vigilaba los bichos, y cortaba los frutos que se ennegrecían antes de crecer y madurar. Una tarde descubrí una de estas paltas pequeñas y negras en una rama baja. En el momento que estiré mi mano para arrancarla me pareció que se había movido. Incrédulo, me acerqué a mirarla más de cerca. Entonces, lo que yo creía una palta pequeña y reseca desplegó sus alas negras y salió volando. Era un murciélago que había tomado mi árbol para dormir. Su susto debió ser mayor que el mío porque nunca lo volví a ver. Hace ya muchos años que aquella casa se vendió. La compró un vecino, fabricante de pastas, como le père Goriot. Yo no lamenté dejar atrás la habitación de mi infancia, pero sí mi palta, aguacate o avocado. Y si bien nunca lo averigüé, yo sé, en el fondo de mi corazón, que a mi querido árbol me lo acostaron de un hachazo.
jueves, marzo 08, 2007
Suicidas ejemplares: Jan Potocki

Jan Potocki pulió el asa de una tetera de plata y formó con ella una bala. La hizo bendecir por un cura -"por si acaso existiese Dios"- y se voló los sesos.
Hay quien sugiere que el autor del Manuscrito encontrado en Zaragoza temía y sospechaba sufrir de licantropía. Nunca lo sabremos. Potocki era un erudito conde polaco que vivió la época de la revolución francesa -lo llamaban "citoyen comte"- y que viajó incesantemente por Europa y Asia, hasta el límite de China, adonde no pudo ingresar porque el emperador le negó el permiso. Pero lo que encuentro más fascinante de Potocki es su profunda comprensión del corazón del hombre (lo que para muchos, imagino y concedo, no quiere decir nada).
"Veréis por doquier más mal que bien, pero en ningún lado veréis el mal sin mezcla de un poco de bien, y esto debe bastarle al sabio para consolarlo de la vida".
Jan Potocki (1761-1815)
jueves, marzo 01, 2007
miércoles, febrero 28, 2007
Yo leí sin saber
Yo leí Un altro mare sin saber quién era Carlo Michelstaedter, sin saber que se había suicidado a los 23 años después de terminar su tesis el día del cumpleaños de su madre, 17, la desgracia. Nunca supe que el revólver que usó para acabarse era de su amigo Enrico -el protagonista de la magnífica novela-, que acaso se lo había dado para no tentarse y meterse un tiro. Yo no sabía nada de esto.
Hasta que un día me encontré con un poema en una antología.
Y entonces supe.
Hasta que un día me encontré con un poema en una antología.
Y entonces supe.
jueves, febrero 22, 2007
Hexagrama 33
Hexagrama 33 at work
-Este año me gustaría que hubiese más integración, no como el año pasado. En general, el más aislado siempre sos vos, supongo que es por tu personalidad.
-En parte es por mi personalidad, en parte es por la personalidad de los demás. Yo sé que cedo, porque lo que más me horroriza es tener que luchar para defender un espacio. Y como sé que cedo por horror, y hay cosas que no quiero ceder, entonces evito el contacto y punto.
- Igual, aislado y todo, yo quiero que vos estés.
-Este año me gustaría que hubiese más integración, no como el año pasado. En general, el más aislado siempre sos vos, supongo que es por tu personalidad.
-En parte es por mi personalidad, en parte es por la personalidad de los demás. Yo sé que cedo, porque lo que más me horroriza es tener que luchar para defender un espacio. Y como sé que cedo por horror, y hay cosas que no quiero ceder, entonces evito el contacto y punto.
- Igual, aislado y todo, yo quiero que vos estés.
domingo, febrero 18, 2007
De sol a sol con mi psicóloga (o el dandy en la oficina)
Llegamos al consultorio al amanecer. Nos mojamos los pies con el rocío.

Acá estoy abrazado con ella. La transferencia funciona muy bien.

El fuego purificador (esto me lo enseñó mi abuelo pirómano).

Ojalá todo fuera tan perfecto como esto. Pero no.

La sesión termina con el día, cuando a Sísifo se le cae la roca.

Este trip no hubiera sido posible sin la inestimable colaboración de mi acompañante terapéutico. Mi gratitud es infinita.

Acá estoy abrazado con ella. La transferencia funciona muy bien.

El fuego purificador (esto me lo enseñó mi abuelo pirómano).

Ojalá todo fuera tan perfecto como esto. Pero no.

La sesión termina con el día, cuando a Sísifo se le cae la roca.

Este trip no hubiera sido posible sin la inestimable colaboración de mi acompañante terapéutico. Mi gratitud es infinita.
viernes, febrero 16, 2007
De como la mañana dispara en la frente del navarca desolado
Esa mañana, mientras se lavaba los dientes, veía formarse alternativamente en los cinco círculos oscuros del desagüe de la pileta del baño una membrana líquida que se tensaba hasta dar su gota al vacío. Eran los guiños dorados del tambor de un revólver.
viernes, febrero 09, 2007
Sí, mi coronel (o la literatura en el cuartel)
Me tocó la desgracia de ser todavía socrático cuando me llegó la hora de la milicia. Eso no evitó que día del sorteo me colgara una herradura del cuello para que me trajera suerte. Años después aprendí que la historia de la buena suerte de la herraduras provenía de la Antigüedad, cuando los caballos se herraban con oro. El que se encontraba una herradura de aquellas ya había tenido suerte. La mía era de hierro, claro, y se demostró completamente inútil. Frente a la desgracia consumada y a pesar de la tristeza y el asco, decidí cumplir con las leyes de la polis. Siempre pensé (y sigo pensando) que aquellos que repiten incesantemente sus anécdotas de la colimba en el fondo han disfrutado la experiencia o, al menos, que es lo que quieren que creamos. Puedo asegurar que no es mi caso. Habría para contar tantas cosas terribles que asombrarían a más de uno, pero esas me las callo.
Relataré, sin embargo, dos episodios que, si bien podrían llegar a ser graciosos, ilustran de una manera más indirecta la gran bola de estupidez a la que constantemente estamos sometidos.
Mi arma fue la artillería, y como yo era el único soldado que hablaba inglés (los “chicos bien” no estaban, se ve que no eran tan socráticos), con lógica implacable, mis superiores me destinaron a “Comunicaciones” y me invistieron con el dudoso honor de ser radio-operador del jefe de Grupo, lo que no implicaba ningún privilegio, pues no hubo desgracia de la que mi puesto me librara, sino más bien al contrario. Una mañana, durante una jornada de maniobras de tiro, me tocó acompañar a los más altos oficiales a través de todo el teatro de operaciones. Los militares son un poco como los chicos, les gusta estar cuando disparan los cañones y cuando estallan los proyectiles. Durante uno de esos trayectos nos detuvimos en un pueblo llamado “Agustina”. Mientras esperábamos quién sabe qué, uno de los altos oficiales preguntó: “¿Este pueblo se llamará Agustina por Agustina Storni?”. Algo dentro de mí se revolvió y, tímidamente, desde el asiento trasero del Jeep y cuidando de no ser muy asertivo para que no sonara a corrección, dije: “Creo que era Alfonsina Storni, mi coronel”. “Aaah”-dijo el coronel mientras me estudiaba detenidamente- “Alfonsina...”. Veinte minutos más tarde una nueva pausa ponía a prueba la paciencia de los oficiales, ansiosos por asistir a las explosiones. En este caso el problema era el clima. Se preparaba una tormenta que podía llegar a cambiar el curso de las maniobras. El coronel pensó unos segundos y, resignado, soltó: “...y Dios dirá”. Entonces ocurrió la fatalidad, la décima de segundo en la que nace la chispa que puede incendiar un destino. En esa décima de segundo bajó de mi cerebro a mi boca un verso, el último verso de un largo poema de aquel que fuera el poeta de mi adolescencia, Miguel Hernández. “... y Dios dirá” soltó el coronel. “Y Dios dirá, que está siempre callado” cité yo. Supe inmediatamente que acababa de cometer una estupidez del tamaño de un obús. El coronel se dio vuelta en su asiento para mirarme de frente y me gritó: “¡¿Usted cree en Dios, soldado?!!”. No me detuve ni siquiera a considerar las dificultades de explicarle a un militar el problema de la fe ¿Para qué? Yo me había metido en el brete y yo debía salir. “Sí, mi coronel”, mentí. La decisión de continuar con los apasionantes cañonazos me libró de ulteriores consecuencias.
Relataré, sin embargo, dos episodios que, si bien podrían llegar a ser graciosos, ilustran de una manera más indirecta la gran bola de estupidez a la que constantemente estamos sometidos.
Mi arma fue la artillería, y como yo era el único soldado que hablaba inglés (los “chicos bien” no estaban, se ve que no eran tan socráticos), con lógica implacable, mis superiores me destinaron a “Comunicaciones” y me invistieron con el dudoso honor de ser radio-operador del jefe de Grupo, lo que no implicaba ningún privilegio, pues no hubo desgracia de la que mi puesto me librara, sino más bien al contrario. Una mañana, durante una jornada de maniobras de tiro, me tocó acompañar a los más altos oficiales a través de todo el teatro de operaciones. Los militares son un poco como los chicos, les gusta estar cuando disparan los cañones y cuando estallan los proyectiles. Durante uno de esos trayectos nos detuvimos en un pueblo llamado “Agustina”. Mientras esperábamos quién sabe qué, uno de los altos oficiales preguntó: “¿Este pueblo se llamará Agustina por Agustina Storni?”. Algo dentro de mí se revolvió y, tímidamente, desde el asiento trasero del Jeep y cuidando de no ser muy asertivo para que no sonara a corrección, dije: “Creo que era Alfonsina Storni, mi coronel”. “Aaah”-dijo el coronel mientras me estudiaba detenidamente- “Alfonsina...”. Veinte minutos más tarde una nueva pausa ponía a prueba la paciencia de los oficiales, ansiosos por asistir a las explosiones. En este caso el problema era el clima. Se preparaba una tormenta que podía llegar a cambiar el curso de las maniobras. El coronel pensó unos segundos y, resignado, soltó: “...y Dios dirá”. Entonces ocurrió la fatalidad, la décima de segundo en la que nace la chispa que puede incendiar un destino. En esa décima de segundo bajó de mi cerebro a mi boca un verso, el último verso de un largo poema de aquel que fuera el poeta de mi adolescencia, Miguel Hernández. “... y Dios dirá” soltó el coronel. “Y Dios dirá, que está siempre callado” cité yo. Supe inmediatamente que acababa de cometer una estupidez del tamaño de un obús. El coronel se dio vuelta en su asiento para mirarme de frente y me gritó: “¡¿Usted cree en Dios, soldado?!!”. No me detuve ni siquiera a considerar las dificultades de explicarle a un militar el problema de la fe ¿Para qué? Yo me había metido en el brete y yo debía salir. “Sí, mi coronel”, mentí. La decisión de continuar con los apasionantes cañonazos me libró de ulteriores consecuencias.
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miércoles, febrero 07, 2007
De esto está hecha la felicidad
El día que saquen a la venta un perfume con notas de bosta equina, sudor de yeguarizo y césped recién cortado, seré el primero en comprarlo.
lunes, febrero 05, 2007
Ética a Nicómano, Libro II, Capítulo 7
Siempre me impresionó esto que escribió el maestro de todos los que saben: "En el dominio de los placeres y dolores -no de todos, y en menor grado por lo que respecta a los dolores-, el término medio es la moderación, y el exceso, la intemperancia. Personas deficientes respecto de los placeres difícilmente existen; por eso, tales personas ni siquiera tienen nombre, pero llamémoslas insensibles." No sin temor reverente a contradecir al más docto, afirmaré que los excesos en los placeres me salvaron de la locura y que el exceso más peligroso consiste en buscar una soledad demasiado profunda, demasiado prolongada y en abandonar a quien se ama.
jueves, febrero 01, 2007
martes, enero 23, 2007
Cosas (lecturas) del verano
"Si se pudieran medir los saltos de la atención, el rendimiento de los músculos de los ojos, los movimientos pendulares del alma y todos los esfuerzos que tiene que hacer un hombre para conseguir abrir brecha a través de la afluencia de una calle, es de presumir que resultaría -él así lo había imaginado al jugar a investigar lo imposible- una dimensión frente a la cual sería ridícula la fuerza que necesita Atlante para sostener el mundo. De ahí se podría deducir qué esfuerzo tan titánico supone el de un individuo moderno que no hace nada."
Robert Musil, El hombre sin atributos
Robert Musil, El hombre sin atributos
jueves, enero 04, 2007
Hasta pronto
Me voy al mar, que es mi lugar natural. Me llevo una pila de libros y mi flamante traje de baño rojo. Hasta la vista.
viernes, diciembre 29, 2006
Es para vos, es para vos...
¿No están hartos de todas esas ratas que se pretenden la vanguardia moral, la encarnación del cope, la pulpa de la sensibilidad y la gracia y te garcan sistemáticamente con la guita?
Bueno, yo sí.
Bueno, yo sí.
martes, diciembre 26, 2006
Felicidades
A la masa con olor a sidra tibia, invulnerable al buen gusto, con sus guirnalditas de plástico y su dios sanguinario.
jueves, diciembre 14, 2006
Dichos populares IV: El burro no coge por lindo sino por insistidor.
*

En ciertos campos cuyanos es posible escuchar en la quietud de la noche un estampido seco. Son los poderosos cascos de las yeguas que golpean contra el paciente pecho de los burros. Para ellos no hay retajos* que les ahorren los riesgos y las amarguras del cortejo. Yunque corazonado, el pecho del borrico es la carne de cañón en la afanosa génesis de las mulas. El adjetivo “testarudo” no les hace justicia (¿Qué tiene aquí que ver la testa?), por eso la sabiduría popular ha preferido “insistidor”.
“Platero es pequeño, peludo, suave...” ¿Y lindo? Tal vez, pero no puede compararse con la belleza aristocrática del caballo: grande, vistoso y... cornudo. Porque al menos en este caso, las yeguas terminan por rendirse a la pasión adúltera (total, adúltero es también aquel que ama a su esposa/o demasiado ardientemente, como escribió Sesto Empírico en el siglo II). Y si es por pecar... en fin... es sabido que en el burro no todo es pequeño como nos dice Juan Ramón.
*Retajo: caballo entero (es decir, sin castrar) de mucha libido y poco precio que se utiliza en los haras de sangre pura de carrera para verificar el humor sexual de las yeguas. Debe ser barato porque es un gran riesgo exponer un padrillo valioso al rechazo, que puede manifestarse con patadas. Cuando la yegua entra en celo, se llevan al retajo y traen al padrillo para que haga lo suyo sin peligro alguno. Sí, es dura la vida del retajo.

En ciertos campos cuyanos es posible escuchar en la quietud de la noche un estampido seco. Son los poderosos cascos de las yeguas que golpean contra el paciente pecho de los burros. Para ellos no hay retajos* que les ahorren los riesgos y las amarguras del cortejo. Yunque corazonado, el pecho del borrico es la carne de cañón en la afanosa génesis de las mulas. El adjetivo “testarudo” no les hace justicia (¿Qué tiene aquí que ver la testa?), por eso la sabiduría popular ha preferido “insistidor”.
“Platero es pequeño, peludo, suave...” ¿Y lindo? Tal vez, pero no puede compararse con la belleza aristocrática del caballo: grande, vistoso y... cornudo. Porque al menos en este caso, las yeguas terminan por rendirse a la pasión adúltera (total, adúltero es también aquel que ama a su esposa/o demasiado ardientemente, como escribió Sesto Empírico en el siglo II). Y si es por pecar... en fin... es sabido que en el burro no todo es pequeño como nos dice Juan Ramón.
*Retajo: caballo entero (es decir, sin castrar) de mucha libido y poco precio que se utiliza en los haras de sangre pura de carrera para verificar el humor sexual de las yeguas. Debe ser barato porque es un gran riesgo exponer un padrillo valioso al rechazo, que puede manifestarse con patadas. Cuando la yegua entra en celo, se llevan al retajo y traen al padrillo para que haga lo suyo sin peligro alguno. Sí, es dura la vida del retajo.
lunes, diciembre 11, 2006
Mis amigos...
Uno sueña que tiene zapatillas de pastafrola y sufre porque no las puede usar sin que lo sigan los perros.
El otro sueña con el Caído y cuando se despierta se derrumba el techo de la habitación de abajo.
El otro sueña con el Caído y cuando se despierta se derrumba el techo de la habitación de abajo.
jueves, diciembre 07, 2006
viernes, diciembre 01, 2006
Ya vas a ver...
Compro cachaça, desaparecen las limas de toda la ciudad.
Sale un partido bueno después de meses, me lesiono a la media hora.
Arreglo mi piso, se le cae el techo a la vecina de abajo.
Te estoy viendo, hijo de puta. Te estoy viendo.
Sale un partido bueno después de meses, me lesiono a la media hora.
Arreglo mi piso, se le cae el techo a la vecina de abajo.
Te estoy viendo, hijo de puta. Te estoy viendo.
martes, noviembre 28, 2006
Mother...
Mi madre casi se suma a la marcha del orgullo gay. La confundió con una manifestación de cooperativas agrícolas. "Por las banderas de todos colores" -me dijo- "son igualitas".
viernes, noviembre 24, 2006
Piazza Cavour, what's my life for?
¿Por qué no puedo parar de cantar esto?
"Pasolini is me
'Accattone' you'll be
I entered nothing and nothing entered me
'Til you came with the key
And you did your best but
As I live and breathe
You have killed me
You have killed me
Yes I walk around somehow
But you have killed me
You have killed me
Piazza Cavour, what's my life for?
Visconti is me
Magnani you'll never be
I entered nothing and nothing entered me
'Til you came with the key
And you did your best but
As I live and breathe
You have killed me
You have killed me
Yes, I walk around somehow
But you have killed me
You have killed me
Who am I that I come to be here?..
As I live and breathe
You have killed me
You have killed me
Yes I walk around somehow
But you have killed me
You have killed me
And there is no point saying this again
There is no point saying this again
But I forgive you, I forgive you
Always I do forgive you"
MORRISSEY - YOU HAVE KILLED ME (RINGLEADER OF THE TORMENTORS)
(Gracias Trompo)
"Pasolini is me
'Accattone' you'll be
I entered nothing and nothing entered me
'Til you came with the key
And you did your best but
As I live and breathe
You have killed me
You have killed me
Yes I walk around somehow
But you have killed me
You have killed me
Piazza Cavour, what's my life for?
Visconti is me
Magnani you'll never be
I entered nothing and nothing entered me
'Til you came with the key
And you did your best but
As I live and breathe
You have killed me
You have killed me
Yes, I walk around somehow
But you have killed me
You have killed me
Who am I that I come to be here?..
As I live and breathe
You have killed me
You have killed me
Yes I walk around somehow
But you have killed me
You have killed me
And there is no point saying this again
There is no point saying this again
But I forgive you, I forgive you
Always I do forgive you"
MORRISSEY - YOU HAVE KILLED ME (RINGLEADER OF THE TORMENTORS)
(Gracias Trompo)
miércoles, noviembre 22, 2006
martes, noviembre 21, 2006
Farfala de hielo
Fue en una ciudad costera de Brasil en la que supo vivir uno de mis poetas argentinos favoritos. Yo llevaba más de un año queriendo morir y haciendo casi todo lo posible para lograrlo. Magdalena me había rescatado con su propuesta de mar y caipirinha. Nos alojábamos en una pousada frente al mar y lejos del centro. Yo sólo bebía, fumaba, leía y dormía. Una tarde decidimos ir al centro a comprar Jack Daniels. Con la botella en la mochila nos tiramos en la arena y pedimos unas caipirinhas. Yo sugerí que guardáramos los vasitos de plástico para poder hacer hielo en el mini-bar de la habitación. A la tarde, ya picados, emprendimos el largo camino de regreso por la playa. A la mitad del recorrido yo advertí que nos habíamos olvidado los vasitos y le pedí a Magdalena que nos pusiéramos a buscar algún recipiente abandonado. Y así andábamos, como dos borrachos que hubieran perdido una llave, batiendo la playa metro a metro, cuando Magdalena la vio asomada entre la arena. “¿Esto puede servir?” me preguntó, mientras sostenía frente a mis ojos un moldecito azul con forma de mariposa. Era uno de esos moldecitos de plástico que usan los chicos para hacer formas con la arena mojada. Una mariposa. Una mariposa azul. “Claro que puede servir” dije yo. En cuanto llegamos al hotel llené el moldecito de agua y lo puse en el congelador del mini-bar. Nos duchamos y pedimos la cena en la habitación. Para cuando habíamos terminado de cenar el hielo ya estaba hecho. Abrimos la botella, pusimos una alita en cada vaso, escanciamos el whiskey y nos sentamos en el balcón a ver el mar.
Todavía tengo aquel molde y, cada tanto, le pongo al Jack Daniels una mariposa de hielo.
Todavía tengo aquel molde y, cada tanto, le pongo al Jack Daniels una mariposa de hielo.
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Jack Daniels,
La vida color de whisky
miércoles, noviembre 15, 2006
Vicious
No es justo que me llamen vicioso. Es solo que habiendo percibido desde pequeño un mezquino menú de opciones -mediocridad o decadencia-, yo elegí sistemáticamente la segunda.
martes, noviembre 14, 2006
Te lo digo...
No hay nada más relajado que estar rodeado de cosas que no me interesan. Eso es lo bueno de ir a algunas ferias o exposiciones.
(Lo malo es que todavía me interesan demasiadas cosas)
(Lo malo es que todavía me interesan demasiadas cosas)
jueves, noviembre 09, 2006
No tienes más que hacer que ser hermosa
Es cierto que toda mi ropa está llena de pelos.
Es verdad que funciona como el más arbitrario de los despertadores.
Reconozco que su cola se bate como un limpiaparabrisas sobre la pantalla cada vez que quiero ver la tele.
Acepto sin chistar que pasa horas durmiendo en las posiciones más inverosímiles.
No niego su afición a mordisquear los bordes de los libros.
No pretendo, finalmente, que es el bicho más listo del globo.
Pero es preciosa, y eso es todo lo que importa.
Es verdad que funciona como el más arbitrario de los despertadores.
Reconozco que su cola se bate como un limpiaparabrisas sobre la pantalla cada vez que quiero ver la tele.
Acepto sin chistar que pasa horas durmiendo en las posiciones más inverosímiles.
No niego su afición a mordisquear los bordes de los libros.
No pretendo, finalmente, que es el bicho más listo del globo.
Pero es preciosa, y eso es todo lo que importa.
miércoles, noviembre 08, 2006
Them
No es un reflejo de sumisión. Tampoco sé si es del todo deliberado, pero cuando la desgracia quiere (y quiere muy seguido) que me toque tratar con una persona desagradable y antipática, yo tiendo a impostar levemente mi ya de por sí buen natural (modestamente) y a apelar a toda mi delicadeza, mi paciencia y mi buena educación. Es como si quisiera hacer un experimento, ver si tensando la distancia entre mi buen modo y la grosería ajena el contraste genera algún efecto moral en mi interlocutor. El resultado es invariable: ellos no disminuyen ni aumentan su nivel de maltrato. La conclusión es que sencillamente no registran al otro. Yo pienso mucho en estas cosas. Y aventuro una especulación: independientemente de su calidad moral, las personas antipáticas son menos inteligentes y su relación con la palabra permanece ajena a la menor posibilidad lúdica. Y te digo más: detrás de su fachada amarga esconden una enorme dosis de estupidez.
viernes, noviembre 03, 2006
Children of the damned
lunes, octubre 30, 2006
A gift for you (Fea la actitud)
Ese era el asunto del mail. Ella me decía que había recibido tres botellas de Jack Daniels y que una me la regalaba por mi cumpleaños. Mi respuesta instantánea y llena de entusiasmo, en vez de ser leída como lo que era -la expresión de un agradecimiento superlativo-, fue interpretada como la acción especulativa de un "interesado". Qué extraño es el mundo. Ella cambió la botella por un sommier (un negocio un poco sospechoso, a decir verdad) y yo me quedé con el insulto, el desprecio y sin el whisky.
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Jack Daniels,
La vida color de whisky
martes, octubre 24, 2006
Inimputable
Yo completaba una planilla y una de las dos ancianas dijo: ay, yo admiro a la gente que escribe con la izquierda. Mi bisnieta también escribe con la izquierda. Fijate Gladys que son como nosotros, pero escriben todo así, con la izquierda. Mirá este chico como escribe todo así, con la izquierda, pobre...
miércoles, octubre 18, 2006
Diez años, demasiado.
En diciembre voy a abandonar la enseñanza después de 10 años. Me quedan cinco o seis clases por dar. Mañana, por ejemplo, veremos la "Fuga sobre la muerte" de Paul Celan.
Ya no daré más clases. Estoy satisfecho.
Ya no daré más clases. Estoy satisfecho.
viernes, octubre 13, 2006
Último momento
Tenía que ser un viernes 13. Apareció con un pañuelo en la cabeza pero inmediatamente reconocí su inconfundible voz de pájaro. En este momento tengo frente a mí a la viejita de la simetría hablando sobre fractales y afirmando con resentimiento que "los artistas desprecian la simetría". Oh, my good Lord...!!!
martes, octubre 10, 2006
La retórica en el tocador
-En esta novela erótica que estoy revisando las escenas de sexo son metafóricas. Dice, por ejemplo, “el chorro de su virilidad”. Me pregunto si las lectoras de este tipo de novelas entienden a lo que se refiere una frase como esa.
-Yo imagino que sí.
-No sé, por ahí piensan que se refiere al bidet.
-Eso es válido para lo de “chorro”, pero “virilidad” ¿Qué vendría a ser?
-Mmm... La marca del bidet, como Ferrum...
-...
-Yo imagino que sí.
-No sé, por ahí piensan que se refiere al bidet.
-Eso es válido para lo de “chorro”, pero “virilidad” ¿Qué vendría a ser?
-Mmm... La marca del bidet, como Ferrum...
-...
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Escenas de la vida conyugal
lunes, octubre 09, 2006
Voy a matarte, cobarde desteñido...
Hoy hice un poco de todo, pero las ganas de matar siguen intactas, no se me van con nada. Hoy iba a postear sobre mi nueva banda, pero estoy tan enfurecido que no puedo escribir nada. Para colmo de males, perdió Boca.
miércoles, octubre 04, 2006
Ah, Valmont, mon ami...
"Voilà bien les hommes! Tous également scélérats dans leurs projets, ce qu'ils mettent de faiblesse dans l'exécution, ils l'appellent probité."
Pierre Choderlos de Laclos, Les Liaisons dangereuses (1782)
Pierre Choderlos de Laclos, Les Liaisons dangereuses (1782)
martes, octubre 03, 2006
Esperanza de pobre...
-Es buena plata por una revisión de traducción. No para una traducción.
-No, claro. Igual es una novela pedorra.
-Eso no importa. Lo que cuenta es el largo.
-Mirá vos, y a mí siempre trataron de convencerme de que el largo no tenía importancia.
-...
-No, claro. Igual es una novela pedorra.
-Eso no importa. Lo que cuenta es el largo.
-Mirá vos, y a mí siempre trataron de convencerme de que el largo no tenía importancia.
-...
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Escenas de la vida conyugal
viernes, septiembre 29, 2006
Viernes
I
-Al lado tuyo soy una carmelita descalza.
-¿Una qué?
-Una carmelita descalza.
-...
-Son monjas, es una orden monástica.
-¿De dónde son?¿De Uruguay?
-...
II
-¿Y ese vino qué es?
-Es un marsala. Es dulce, se usa para emborrachar las tortas.
-...
-Ya sé, te imaginaste un par de lesbianas alcoholizadas.
-... eh... sí...
-Al lado tuyo soy una carmelita descalza.
-¿Una qué?
-Una carmelita descalza.
-...
-Son monjas, es una orden monástica.
-¿De dónde son?¿De Uruguay?
-...
II
-¿Y ese vino qué es?
-Es un marsala. Es dulce, se usa para emborrachar las tortas.
-...
-Ya sé, te imaginaste un par de lesbianas alcoholizadas.
-... eh... sí...
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Escenas de la vida conyugal
miércoles, septiembre 27, 2006
Iggy querido
***

Debí saber que Manantial me iba a dejar plantado. Pero cuando el viernes a la tarde me avisaron que me dejaban dos entradas a mi nombre para ver a Iggy fue al primero que se me ocurrió llamar. Lo esperé media hora mirando la lluvia. Mi entusiasmo se iba amargando gota a gota con la espera, que pronto empecé a sospechar inútil. Media hora y dos llamados después me tomé el subte, pasé por las entradas y corrí a casa a cambiarme. Hice el último intento con Manantial y como por tercera vez me respondió el contestador, lo llamé a T. y le rogué: ¡Salvame, Carlitos! T. justo salía de jugar al fútbol y me salvó. Nos encontramos en Campos Salles y Libertador y corrimos como dos locos hasta Muni. Llegamos con la iguana sobre el escenario cantando No fun, yo a las puteadas y pensando que si los rockers se han vuelto puntuales, entonces sí, todos los valores se han perdido sin remedio. Para colmo, ni siquiera habíamos tenido tiempo como para una verdadera entrada en calor (y no me refiero a correr más cuadras). Lo vimos de lejos, sintiendo en el cogote el viento fresco del río. Pero no siempre la geografía es la que impone las distancias más arduas. Yo pensaba con cierta nostalgia en las otras tres veces que lo vi, tan diferentes. Pero estaba feliz, porque hasta la tarde no podía creer que Iggy venía y que yo no iba a estar ahí. Las entradas cayeron de las alturas, y eso ni siquiera las había pedido, pero se ve que mis viejos amigos todavía me recuerdan (A mí y a mis modestos fanatismos). Gracias por eso.
A la salida me encontré con V. (mi ex-room-mate). Curiosamente a la mañana siguiente tenía que pasar a buscar algunas de las cosas que me habían quedado en la casa que compartíamos. Entre ellas el maldito lavarropas, que pesa una tonelada.
El lunes amanecí resfriado y me resigné a pasar el día en cama con mis 38 grados. Muy lindo todo, Iggy una fiera, como siempre, pero la próxima por favor, chicos, háganlo adentro. Gracias.

Debí saber que Manantial me iba a dejar plantado. Pero cuando el viernes a la tarde me avisaron que me dejaban dos entradas a mi nombre para ver a Iggy fue al primero que se me ocurrió llamar. Lo esperé media hora mirando la lluvia. Mi entusiasmo se iba amargando gota a gota con la espera, que pronto empecé a sospechar inútil. Media hora y dos llamados después me tomé el subte, pasé por las entradas y corrí a casa a cambiarme. Hice el último intento con Manantial y como por tercera vez me respondió el contestador, lo llamé a T. y le rogué: ¡Salvame, Carlitos! T. justo salía de jugar al fútbol y me salvó. Nos encontramos en Campos Salles y Libertador y corrimos como dos locos hasta Muni. Llegamos con la iguana sobre el escenario cantando No fun, yo a las puteadas y pensando que si los rockers se han vuelto puntuales, entonces sí, todos los valores se han perdido sin remedio. Para colmo, ni siquiera habíamos tenido tiempo como para una verdadera entrada en calor (y no me refiero a correr más cuadras). Lo vimos de lejos, sintiendo en el cogote el viento fresco del río. Pero no siempre la geografía es la que impone las distancias más arduas. Yo pensaba con cierta nostalgia en las otras tres veces que lo vi, tan diferentes. Pero estaba feliz, porque hasta la tarde no podía creer que Iggy venía y que yo no iba a estar ahí. Las entradas cayeron de las alturas, y eso ni siquiera las había pedido, pero se ve que mis viejos amigos todavía me recuerdan (A mí y a mis modestos fanatismos). Gracias por eso.
A la salida me encontré con V. (mi ex-room-mate). Curiosamente a la mañana siguiente tenía que pasar a buscar algunas de las cosas que me habían quedado en la casa que compartíamos. Entre ellas el maldito lavarropas, que pesa una tonelada.
El lunes amanecí resfriado y me resigné a pasar el día en cama con mis 38 grados. Muy lindo todo, Iggy una fiera, como siempre, pero la próxima por favor, chicos, háganlo adentro. Gracias.
viernes, septiembre 22, 2006
Tres whiskies y un tostado
Después de trabajar con Tazelaar en nuestra espléndida mesa, llegó Manantial y nos fuimos los tres a uno de esos bares imposibles que todavía hay en Buenos Aires. Pedimos tres whiskies y un tostado. A la hora de pagar, T. sacó un billete de 100$ y se excusó con el mozo...
Tazelaar: -Disculpá, es lo que hay.
Mozo: - No hay problema.
Margarito: -¿Es lo que hay? ¡Yo no veo un Roca desde el 10!
Manantial: -Yo no veo un Roca desde la campaña al desierto...
Tazelaar: -Disculpá, es lo que hay.
Mozo: - No hay problema.
Margarito: -¿Es lo que hay? ¡Yo no veo un Roca desde el 10!
Manantial: -Yo no veo un Roca desde la campaña al desierto...
jueves, septiembre 21, 2006
lunes, septiembre 18, 2006
Tíos abuelos V: Tío Marto, el suicida
(Dedicado a O., amigo y santo bebedor, que mientras escribo esto espera un trasplante de la víscera sagrada.)
Al tío Marto no lo conocí, porque en rigor el tío Marto no era tío abuelo mío, sino de mi madre (era, en todo caso, mi tío bisabuelo, si se admite esa improbable categoría). Su madre, Felipa Maya (mi tatarabuela), había venido a la Argentina solita a los 13 años desde el país vasco. Según me contaron, era una mujer bravísima. Tengo en mi escritorio una foto suya, ya anciana. Se la ve con las canas peinadas tirantes hacia atrás y unos enormes anteojos redondos. Pero nada de eso logra disolver ni disimular cierta ferocidad en su mirada.
Felipa crió con severidad a sus dos hijos: Juan (mi bisabuelo) y Marto (¿Es necesario que aclare que realmente se llamaba así y que no era un sobrenombre?). Ya desde ese espléndido nombre la historia de este tío fue siempre para mí la más atractiva de todas las historias familiares, y me atrevo a decir que a pesar de no haberlo conocido es acaso el personaje de mi familia que más me seduce. Tal vez esto es así simplemente por el hecho de que tío Marto era borracho. Como dice Cortázar a propósito de Keats, “uno tiende siempre a hablar con excesivo cariño de los miembros de su club”. Nunca sabré si tío Marto era alcohólico (como me dicen) o borracho por decisión moral (como me gustaría creer), pero en cualquier caso era un verdadero bebedor. Cuentan que cuando iba a saludar a la temible Felipa, se acercaba a besarla y se tapaba la boca con el poncho justo en el momento en que soltaba su “¿Qué dice, madre?”, para que la vieja no le sintiera el olor a alcohol. Tengo desde chico esa imagen en la cabeza como si la hubiera visto, pero no la vi, sólo escuché la historia varias veces.
Pero afirmarse en un vaso para soportar el mundo no es gratis –lo sabemos-, a cierta edad la máquina te pasa la factura y el tío Marto no fue la excepción: empezó a ver cosas moverse por las paredes de su habitación y treparle por las piernas. El diagnóstico fue inequívoco: delirium tremens. A partir de entonces el cuerpo de tío Marto ya no pudo salirse de la telaraña de la ciencia médica. Al poco tiempo le detectaron problemas cardíacos. Tenía el corazón demasiado grande y le dolía. En el tremendo delirio del mundo el corazón gigante y agitado de licores del tío Marto paría bestias horrendas que se cebaban en él. Y al tío Marto le dolía. Le dolía tanto su enorme bomba preñada de monstruos que una tarde se encañonó el pecho y se metió un balazo en pleno corazón. Lo aprendimos de chicos: el fuego es el justo destino de las cosas sagradas.
Al tío Marto no lo conocí, porque en rigor el tío Marto no era tío abuelo mío, sino de mi madre (era, en todo caso, mi tío bisabuelo, si se admite esa improbable categoría). Su madre, Felipa Maya (mi tatarabuela), había venido a la Argentina solita a los 13 años desde el país vasco. Según me contaron, era una mujer bravísima. Tengo en mi escritorio una foto suya, ya anciana. Se la ve con las canas peinadas tirantes hacia atrás y unos enormes anteojos redondos. Pero nada de eso logra disolver ni disimular cierta ferocidad en su mirada.
Felipa crió con severidad a sus dos hijos: Juan (mi bisabuelo) y Marto (¿Es necesario que aclare que realmente se llamaba así y que no era un sobrenombre?). Ya desde ese espléndido nombre la historia de este tío fue siempre para mí la más atractiva de todas las historias familiares, y me atrevo a decir que a pesar de no haberlo conocido es acaso el personaje de mi familia que más me seduce. Tal vez esto es así simplemente por el hecho de que tío Marto era borracho. Como dice Cortázar a propósito de Keats, “uno tiende siempre a hablar con excesivo cariño de los miembros de su club”. Nunca sabré si tío Marto era alcohólico (como me dicen) o borracho por decisión moral (como me gustaría creer), pero en cualquier caso era un verdadero bebedor. Cuentan que cuando iba a saludar a la temible Felipa, se acercaba a besarla y se tapaba la boca con el poncho justo en el momento en que soltaba su “¿Qué dice, madre?”, para que la vieja no le sintiera el olor a alcohol. Tengo desde chico esa imagen en la cabeza como si la hubiera visto, pero no la vi, sólo escuché la historia varias veces.
Pero afirmarse en un vaso para soportar el mundo no es gratis –lo sabemos-, a cierta edad la máquina te pasa la factura y el tío Marto no fue la excepción: empezó a ver cosas moverse por las paredes de su habitación y treparle por las piernas. El diagnóstico fue inequívoco: delirium tremens. A partir de entonces el cuerpo de tío Marto ya no pudo salirse de la telaraña de la ciencia médica. Al poco tiempo le detectaron problemas cardíacos. Tenía el corazón demasiado grande y le dolía. En el tremendo delirio del mundo el corazón gigante y agitado de licores del tío Marto paría bestias horrendas que se cebaban en él. Y al tío Marto le dolía. Le dolía tanto su enorme bomba preñada de monstruos que una tarde se encañonó el pecho y se metió un balazo en pleno corazón. Lo aprendimos de chicos: el fuego es el justo destino de las cosas sagradas.
viernes, septiembre 08, 2006
Tíos abuelos IV: Tía Lily
Tía Lily se adueñó de mí desde pequeño. Ningún pariente me dedicó jamás tantas atenciones. No se había casado y eso, en un pueblo, es una condena que, en su caso, consistió en vivir toda su vida adulta en la casa de su hermano y su cuñada (mis abuelos). Para mí eso era algo perfectamente normal. De chicos no siempre distinguimos los fragmentos de infierno que les tocan a los grandes. Algunas de las ocupaciones de Lily en aquella casa eran los dulces, la costura y el tejido. Ahora mismo, mientras escribo esto, tengo puesto un pullover azul que me tejió hace años y que del lado de adentro lleva prendida con un alfiler de gancho una medallita de la virgen. Lily era creyente y supersticiosa (si es que hay diferencia entre ambas cosas): otra de sus especialidades era curar el empacho con un cinturón de tela mientras murmuraba unas palabras que jamás pude escuchar claramente, pese a haber sido su paciente decenas de veces. Mis primos y yo adorábamos revolver los cajones de su habitación en busca de tesoros como collares de perlas y aromáticos pañuelos con los que nos disfrazábamos. El color favorito de tía Lily era el violeta, no sé porqué ese detalle siempre me resultó extraño. Pero lo que a mí más me gustaba era revolver el cajón de su mesita de luz en busca de estampitas con imágenes de santos y santas con la infaltable hagiografía en el reverso. Me divertían la relación de milagros y tormentos y las oraciones apropiadas para interpelar al santo y pedirle cosas.
Una noche, durante una reunión familiar, mis primos y yo, aburridos de la sobremesa, nos metimos en la habitación de Lily para realizar nuestra distracción favorita. Cada uno se abocó a un mueble. Yo elegí una cómoda que tenía unos cajones pesadísimos. Me tiré al suelo y empecé por el de más abajo. Lo abrí, levanté unas telas y ahí lo vi: un espléndido revólver plateado de cachas nacaradas. Excitado por mi descubrimiento llamé a todos y levanté mi juguete. Lo noté extrañamente pesado. Cuando se acercó mi primo el mayor le apunté y quise tirar del gatillo. Lo noté extrañamente duro. Mi primo dijo: “Me parece que ese es un revólver de verdad” “No, cómo va a ser de verdad” dije yo, que pensaba que las armas de verdad debían ser negras. No hubo tiempo para más: la mano de algún adulto alertado por mi prima me quitó el revólver de las manos. Supe después que era un 38 largo que mi tía había querido guardar cuando mi abuelo había enterrado las armas en el patio en los comienzos del 76.
Tía Lily sobrevivió a todos los mayores de la casa. Con ella aprendí el género de la hagiografía. Esta es la suya.
Una noche, durante una reunión familiar, mis primos y yo, aburridos de la sobremesa, nos metimos en la habitación de Lily para realizar nuestra distracción favorita. Cada uno se abocó a un mueble. Yo elegí una cómoda que tenía unos cajones pesadísimos. Me tiré al suelo y empecé por el de más abajo. Lo abrí, levanté unas telas y ahí lo vi: un espléndido revólver plateado de cachas nacaradas. Excitado por mi descubrimiento llamé a todos y levanté mi juguete. Lo noté extrañamente pesado. Cuando se acercó mi primo el mayor le apunté y quise tirar del gatillo. Lo noté extrañamente duro. Mi primo dijo: “Me parece que ese es un revólver de verdad” “No, cómo va a ser de verdad” dije yo, que pensaba que las armas de verdad debían ser negras. No hubo tiempo para más: la mano de algún adulto alertado por mi prima me quitó el revólver de las manos. Supe después que era un 38 largo que mi tía había querido guardar cuando mi abuelo había enterrado las armas en el patio en los comienzos del 76.
Tía Lily sobrevivió a todos los mayores de la casa. Con ella aprendí el género de la hagiografía. Esta es la suya.
martes, septiembre 05, 2006
Tíos abuelos III: Mi tío el Negro y su perro Sócrates
Mi tío el Negro era bioquímico y eso era suficiente para convertirlo en el intelectual de la familia. Mientras su hermano (mi abuelo) andaba a los tiros con los conservadores él se dedicaba a estudiar la sangre desde un punto de vista más teórico y menos peligroso. Una vez hasta lo escuché hablar sobre Renan, el biógrafo de Jesús, pero como yo era muy chico, nunca llegué a saber qué tan profundos o vastos eran sus conocimientos. Mi tío abuelo era uno de esos venerables profesionales de pueblo, un doctor de poncho, if you know what I mean. De joven había pagado el aborto de una noviecita para descubrir años después, ya casado, que era completamente estéril. La paternidad es una cuestión de fe, dicen. Era un hombre agradable, pese a que una vez me extrajo una muestra de sangre cortándome la yema del pulgar con el golpe seco de una hoja de afeitar y eso, claro, no fue nada agradable. De grande se enfermó de depresión. Cuando mi padre lo llevó a Buenos Aires para ver a un psiquiatra, abrió la puerta del coche en plena ruta y se hubiera arrojado al asfalto si no lo hubieran sujetado a tiempo. En los comienzos de la enfermedad se había comprado un hermosísimo setter irlandés al que llamó Sócrates. El Negro no dejaba de hablar de lo listo que era su perro. Los fines de semana mi tío y su mujer se iban al campo con el animal. Una forma de vida envidiable, sin dudas. Pero la tristeza pudo más (parece que siempre puede) y mi tío abuelo el Negro murió.
Unos días después del entierro, la viuda estaba sentada en el sillón grande del living mirando el noticiero de la tarde y el setter estaba ovillado a su lado. De pronto el perro hizo un gemido. La mujer lo miró y le preguntó: “¿Lo extrañás al Negro, Sócrates?”. Al escuchar el nombre se su amo el perro alzó la vista y comenzó a llorar. Lloró y lloró hasta ahogarse. Cuando llegó el veterinario ya no había nada que hacer. Sócrates murió de pena esa misma noche.
Unos días después del entierro, la viuda estaba sentada en el sillón grande del living mirando el noticiero de la tarde y el setter estaba ovillado a su lado. De pronto el perro hizo un gemido. La mujer lo miró y le preguntó: “¿Lo extrañás al Negro, Sócrates?”. Al escuchar el nombre se su amo el perro alzó la vista y comenzó a llorar. Lloró y lloró hasta ahogarse. Cuando llegó el veterinario ya no había nada que hacer. Sócrates murió de pena esa misma noche.
viernes, septiembre 01, 2006
Tíos abuelos II: Tía Rosa, la espiritista.
Tía Rosa era espiritista. Sin embargo, yo no me la imagino guiando una sesión como la que cuenta Pirandello en Il fu Mattia Pascal, porque me resisto siquiera a considerar que la tía empleara alguna clase de truco. Tía Rosa creía con una fe abigarrada.
Su vida fue larga, y contrariamente a lo que se podría esperar, el prolongado comercio con los espíritus no le dio serenidad frente a la muerte, sino un temor casi morboso. Prolongado fue también su final, asistida en su enfermedad por su hija M. a la que tiranizaba como sólo pueden hacerlo los enfermos. Postrada, no le faltaba voz para gritar sus órdenes y se enfurecía si no se cumplían al instante y al detalle. En rigor, la amorosa diligencia de M. parecía irritar más a tía Rosa, que se afanaba en traducir los tormentos de la enfermedad y la vejez para que la hija sana y joven los sufriera a su vez.
Esta curiosa forma de la com-pasión no cedió ni en los instantes finales: tía Rosa le gritó a M. que se acercara a la cama y, cuando esta estuvo cerca de la moribunda, una garra le aferró el antebrazo y la voz rabiosa de Tía Rosa gritó su última orden : “¡Vos tenés que venir conmigo!¡Vos tenés que venir conmigo!”.
Horas después, cuando el velatorio estaba terminando y sólo quedaban los parientes más cercanos, M. todavía temblaba.
Su vida fue larga, y contrariamente a lo que se podría esperar, el prolongado comercio con los espíritus no le dio serenidad frente a la muerte, sino un temor casi morboso. Prolongado fue también su final, asistida en su enfermedad por su hija M. a la que tiranizaba como sólo pueden hacerlo los enfermos. Postrada, no le faltaba voz para gritar sus órdenes y se enfurecía si no se cumplían al instante y al detalle. En rigor, la amorosa diligencia de M. parecía irritar más a tía Rosa, que se afanaba en traducir los tormentos de la enfermedad y la vejez para que la hija sana y joven los sufriera a su vez.
Esta curiosa forma de la com-pasión no cedió ni en los instantes finales: tía Rosa le gritó a M. que se acercara a la cama y, cuando esta estuvo cerca de la moribunda, una garra le aferró el antebrazo y la voz rabiosa de Tía Rosa gritó su última orden : “¡Vos tenés que venir conmigo!¡Vos tenés que venir conmigo!”.
Horas después, cuando el velatorio estaba terminando y sólo quedaban los parientes más cercanos, M. todavía temblaba.
martes, agosto 29, 2006
Tíos abuelos I: Guille, el anarquista.
Mi tío abuelo Guille era anarquista de los de verdad. En plena gloria peronista fue preso por participar de una gran huelga de los ferroviarios. Había llegado de muy joven desde las Baleares. Hace unos años tuve la suerte de visitar el pequeño puerto en el que se embarcó y lo primero que pensé cuando estuve allí fue que el hambre debió ser mucha para abandonar un lugar tan hermoso. Por supuesto Guille nunca se casó, aunque no era feo, porque como anarquista consecuente, desconfiaba de todas las instituciones, incluyendo el matrimonio y (hay que decirlo) la higiene. Su lema era: “Me baño una vez al año, lo necesite o no”. Un ecologista avant la lettre, mi tío, aunque no faltará el malintencionado que quiera ver en esta férrea convicción suya la causa de su prolongado celibato. Pero lo más impresionante era su desconfianza frente a la institución médica (hoy habría que decir la “industria”). Detestaba a los médicos y jamás pisó un hospital. Por eso, ya de viejo, cuando la familia lo obligó a aceptar una visita del doctor y éste dictaminó que era necesario realizarle una pequeñísima operación que no implicaba el menor riesgo, Guille se murió. De susto, dirán algunos. Yo digo que se murió para no dar el brazo a torcer porque era un anarquista de los de verdad.
miércoles, agosto 23, 2006
Hometown
Allí comprábamos los cartuchos y las balas, allí cargábamos bidones de nafta que alimentaban los temibles fuegos del viejo pirómano. Allí hubo un hombre que fue devorado por sus propios chanchos. Allí tenían sus tierras los ancestros maternos de nuestro ilustre ciego. Allí, hace unos días, ocurrió esto.
viernes, agosto 18, 2006
Dear Flanders
Siempre me gustó pertenecer a esta minoría. Allí donde algunos veían una enfermedad yo veía un rasgo aristocrático. Pero no me engaño: en la lista de los que comparten mi condición hay ejemplares de sobra para justificar los dos puntos de vista.
Gracias G. por el link.
Gracias G. por el link.
lunes, agosto 14, 2006
Un secreto
Parque Lezama

Durante cinco años viví en el parque Lezama. No era yo uno de esos marineros rusos que quedaron encallados ahí. Una vez vi a uno de esos náufragos de la perestroika entrar en el almacén “La fortaleza de San Telmo” babeando y temblequeando y pude observar que tenía un enorme hueco en la cabeza rapada –había sido operado y debía faltarle medio cerebro-. Salió con una botella de alcohol medicinal (Él y sus compañeros lo mezclaban con el tetrabrick, y eso cuando había vino). Yo no necesitaba combatir la intemperie porque tenía mi cálido hogar a metros de Brasil y Defensa, pero me gusta más decir que vivía “en” el parque que “cerca” del parque, y siento que eso no es del todo falso porque pasaba muchas horas bajo la galería de tipas o cerca del Museo histórico, mirando los gatos, o bien en la galería de palmeras y maceteros que cruza el parque hacia el mirador que da a Alte. Brown. En esa galería descubrí un secreto del parque Lezama que voy a revelar ahora. Es algo así como en The purloined letter, de Poe: Las bases de los maceteros -que alguna vez tuvieron una especie de cactus parecido al aloe vera- tienen cuatro caras. En todas esas caras hay un bajorrelieve que representa a una mujer que tiene la mano izquierda sobre el pecho y la otra levantada a un costado de la cabeza. En todas menos en una. Porque una de las 128 mujeres que están representadas en las caras de los 32 maceteros del parque Lezama ha reunido los dos brazos sobre el pecho. A esa, a la distinta, yo, que no tengo fe, le pedía cosas. Los más escépticos argumentarán que yo dirigía mis oraciones al resultado de un error o acaso de una broma de uno de los obreros que hicieron la última restauración. Yo no lo descarto, pero advierto que acaso ese obrero que se equivocó o que creía estar haciendo una broma pudo ser instrumento de alguna divinidad caprichosa. “No sé a qué poderes he servido”, dice un espléndido verso de Enrique Molina. Esta mañana de clima intratable fui al parque Lezama sólo para detenerme frente a la mujer que tiene los dos brazos sobre el pecho y decirle “gracias”. Yo sé bien porqué.

Durante cinco años viví en el parque Lezama. No era yo uno de esos marineros rusos que quedaron encallados ahí. Una vez vi a uno de esos náufragos de la perestroika entrar en el almacén “La fortaleza de San Telmo” babeando y temblequeando y pude observar que tenía un enorme hueco en la cabeza rapada –había sido operado y debía faltarle medio cerebro-. Salió con una botella de alcohol medicinal (Él y sus compañeros lo mezclaban con el tetrabrick, y eso cuando había vino). Yo no necesitaba combatir la intemperie porque tenía mi cálido hogar a metros de Brasil y Defensa, pero me gusta más decir que vivía “en” el parque que “cerca” del parque, y siento que eso no es del todo falso porque pasaba muchas horas bajo la galería de tipas o cerca del Museo histórico, mirando los gatos, o bien en la galería de palmeras y maceteros que cruza el parque hacia el mirador que da a Alte. Brown. En esa galería descubrí un secreto del parque Lezama que voy a revelar ahora. Es algo así como en The purloined letter, de Poe: Las bases de los maceteros -que alguna vez tuvieron una especie de cactus parecido al aloe vera- tienen cuatro caras. En todas esas caras hay un bajorrelieve que representa a una mujer que tiene la mano izquierda sobre el pecho y la otra levantada a un costado de la cabeza. En todas menos en una. Porque una de las 128 mujeres que están representadas en las caras de los 32 maceteros del parque Lezama ha reunido los dos brazos sobre el pecho. A esa, a la distinta, yo, que no tengo fe, le pedía cosas. Los más escépticos argumentarán que yo dirigía mis oraciones al resultado de un error o acaso de una broma de uno de los obreros que hicieron la última restauración. Yo no lo descarto, pero advierto que acaso ese obrero que se equivocó o que creía estar haciendo una broma pudo ser instrumento de alguna divinidad caprichosa. “No sé a qué poderes he servido”, dice un espléndido verso de Enrique Molina. Esta mañana de clima intratable fui al parque Lezama sólo para detenerme frente a la mujer que tiene los dos brazos sobre el pecho y decirle “gracias”. Yo sé bien porqué.
viernes, agosto 11, 2006
Se ve que para algo usé la cuchara...
Cuando estoy borracho actúo como si estuviera sobrio.
Cuando estoy sobrio actúo como si estuviera borracho.
Así me va.
Cuando estoy sobrio actúo como si estuviera borracho.
Así me va.
miércoles, agosto 09, 2006
martes, agosto 08, 2006
L'Inferno
1-Anoche soñé que me atacaba una bandada de murciélagos albinos, pero no fue una pesadilla porque yo no tenía miedo.
2-Esta mañana recibí este mail:
Carissimi alunni,
il proposito di questa mail è soltanto ricordarVi che la lezione di mercoledí, l'anticiperemo martedí ... agosto dalle ... alle ... nell'aula ... del ... piano.
Vi chiedo di portare l'Inferno. (Les pido que traigan el Infierno)
Cordiali Saluti.
X.
Tuve que reprimir la enorme tentación de responder:
"Io L'Inferno lo porto sempre con me. Grazie."
2-Esta mañana recibí este mail:
Carissimi alunni,
il proposito di questa mail è soltanto ricordarVi che la lezione di mercoledí, l'anticiperemo martedí ... agosto dalle ... alle ... nell'aula ... del ... piano.
Vi chiedo di portare l'Inferno. (Les pido que traigan el Infierno)
Cordiali Saluti.
X.
Tuve que reprimir la enorme tentación de responder:
"Io L'Inferno lo porto sempre con me. Grazie."
lunes, agosto 07, 2006
Su sueño me quema todavía
Manuel Castilla es muy conocido por ser el autor de las letras de temas folklóricos muy populares como "La pomeña" o "Balderrama". Pero su obra poética también tiene maravillas como esta:
Niño dormido en un mercado
He visto un niño colgando del techo de un mercado
En Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.
Dormía en su cuna de lona
Entre el chillido verde tierno y hediondo de los
Monos,
Entre ramos de acelgas arrugados,
Entre los mágicos y desnudos cuerpos humanos de
Las zanahorias
Junto al pan hebroso y blanco de las mandiocas.
Ahora lo recuerdo
Su sueño me quema todavía
Con la leche apurada que le daba su madre,
Con el pico crepuscular de los tucanes
Que lo hubieran tragado como a un tamarindo.
El niño era una semilla preñándose en la lluvia
Sin saber si iba a ser una flor o una lechuga.
. Manuel Castilla, Esta tierra es hermosa.
Niño dormido en un mercado
He visto un niño colgando del techo de un mercado
En Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.
Dormía en su cuna de lona
Entre el chillido verde tierno y hediondo de los
Monos,
Entre ramos de acelgas arrugados,
Entre los mágicos y desnudos cuerpos humanos de
Las zanahorias
Junto al pan hebroso y blanco de las mandiocas.
Ahora lo recuerdo
Su sueño me quema todavía
Con la leche apurada que le daba su madre,
Con el pico crepuscular de los tucanes
Que lo hubieran tragado como a un tamarindo.
El niño era una semilla preñándose en la lluvia
Sin saber si iba a ser una flor o una lechuga.
. Manuel Castilla, Esta tierra es hermosa.
jueves, agosto 03, 2006
Fear not, dear friend, but freely live your days
Fear not, dear friend, but freely live your days
Though lesser lives should suffer. Such am I,
A lesser life, that what is his of sky
Gladly would give for you, and what of praise.
Step, without trouble, down the sunlit ways.
We that have touched your raiment, are made whole
From all the selfish cankers of man's soul,
And we would see you happy, dear, or die.
Therefore be brave, and therefore, dear, be free;
Try all things resolutely, till the best,
Out of all lesser betters, you shall find;
And we, who have learned greatness from you, we,
Your lovers, with a still, contented mind,
See you well anchored in some port of rest.
R.L. Stevenson
Stevenson era un narrador genial, un poeta delicado, pero sobre todas las cosas era un gran tipo, muy querido por sus amigos. Yo también lo quiero. Es sin dudas una de esas personas a las que me hubiera encantado conocer. Me hubiera gustado ser su amigo. El pulso de sus obras me hace bien.
Yo no soy un justo, pero también agradezco que en la Tierra haya Stevenson.
Update:
Y pongo otro, de guapo que soy:
Some like drink
In a pint pot,
Some like to think;
Some not.
Strong Dutch cheese,
Old Kentucky rye,
Some like these ;
Not I.
Some like Poe,
And others like Scott,
Some like Mrs. Stowe;
Some not.
Some like to laugh,
Some like to cry,
Some like chaff;
Not I.
Though lesser lives should suffer. Such am I,
A lesser life, that what is his of sky
Gladly would give for you, and what of praise.
Step, without trouble, down the sunlit ways.
We that have touched your raiment, are made whole
From all the selfish cankers of man's soul,
And we would see you happy, dear, or die.
Therefore be brave, and therefore, dear, be free;
Try all things resolutely, till the best,
Out of all lesser betters, you shall find;
And we, who have learned greatness from you, we,
Your lovers, with a still, contented mind,
See you well anchored in some port of rest.
R.L. Stevenson
Stevenson era un narrador genial, un poeta delicado, pero sobre todas las cosas era un gran tipo, muy querido por sus amigos. Yo también lo quiero. Es sin dudas una de esas personas a las que me hubiera encantado conocer. Me hubiera gustado ser su amigo. El pulso de sus obras me hace bien.
Yo no soy un justo, pero también agradezco que en la Tierra haya Stevenson.
Update:
Y pongo otro, de guapo que soy:
Some like drink
In a pint pot,
Some like to think;
Some not.
Strong Dutch cheese,
Old Kentucky rye,
Some like these ;
Not I.
Some like Poe,
And others like Scott,
Some like Mrs. Stowe;
Some not.
Some like to laugh,
Some like to cry,
Some like chaff;
Not I.
viernes, julio 28, 2006
Chocolate Suizo
Entonces, mientras hacemos inútiles esfuerzos por levantarnos, ella me dice: "¡Qué decepción! Yo pensaba que en la embajada de Suiza iba a haber chocolatitos Lindt para servirse. Pero no, no había".
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Escenas de la vida conyugal
martes, julio 25, 2006
Das Unheimlich



Estos puttini de terracota esmaltada fueron realizados por Andrea della Robbia (Firenze 1435 – 1528) y decoran el pórtico del Ospedale degli Innocenti, creado en 1419 en Firenze para albergar y educar chicos huérfanos o abandonados. Hasta 1875 existía una rueda sobre la que las madres exponían a los bebés rechazados o que no podían criar.
Miralos bien. Puede ser que se te aparezcan en sueños.
viernes, julio 21, 2006
What more can one want?
El entrañable irlandés con un cigarrillo en la mano.

La tumba más besada.

Ayer hablé con alguien que me dijo que no le gustaba Oscar Wilde. No recuerdo si era hombre o mujer (creo que era mujer). Hoy veo que mi post anterior generó una discusión sobre el cigarrillo que me hizo recordar una cosa: Una vez, frente a la tumba de Oscar Wilde, llena de besos, me acordé de una frase suya que decía que “A cigarette is the perfect type of a perfect pleasure. It is exquisite, and it leaves one unsatisfied. What more can one want?”. Entonces me olvidé por un momento de mis pudores escépticos y le dejé un cigarrillo. Fue la única vez que hice algo así en mi vida.

La tumba más besada.

Ayer hablé con alguien que me dijo que no le gustaba Oscar Wilde. No recuerdo si era hombre o mujer (creo que era mujer). Hoy veo que mi post anterior generó una discusión sobre el cigarrillo que me hizo recordar una cosa: Una vez, frente a la tumba de Oscar Wilde, llena de besos, me acordé de una frase suya que decía que “A cigarette is the perfect type of a perfect pleasure. It is exquisite, and it leaves one unsatisfied. What more can one want?”. Entonces me olvidé por un momento de mis pudores escépticos y le dejé un cigarrillo. Fue la única vez que hice algo así en mi vida.
jueves, julio 20, 2006
Sickness (Now I wanna be your dog)
Cuando era chico mis padres no me dejaban tener perro porque creían -y siguen creyendo- que todo animal está enfermo por definición. Yo creo lo mismo de los seres humanos.
miércoles, julio 19, 2006
Y te digo más...
Hay mujeres que simplemente enviudan. Otras, en cambio, enviudecen*.
*Enviudecer: acción y efecto de perder el marido y florecer.
(Gracias L. por la iluminación)
*Enviudecer: acción y efecto de perder el marido y florecer.
(Gracias L. por la iluminación)
lunes, julio 17, 2006
Conectores
¿Cómo no quererte si después de contestarte una pregunta tu primera reflexión es: "Vos sos una persona de conectores"?
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Escenas de la vida conyugal
miércoles, julio 12, 2006
Retóricas de la distancia
En su libro Cynismes, Michel Onfray se refiere al báculo de Diógenes como parte de una retórica de la distancia. Es decir, como parte de una ordenada y premeditada disposición de señales que significan simplemente: déjenme en paz.
Otro ejemplo de esa retórica, pero de un carácter casi opuesto, se encuentra en el libro Vida, poesía y locura de Friedrich Hölderlin, escrito por un contemporáneo suyo, Wilhelm Waiblinger, que solía visitarlo durante los años de la famosa “locura”. Entre otras cosas, dice esto: "Empleaba alocuciones corteses en todas partes y era como si realmente con ellas quisiera mantener expresamente las distancias con todo el mundo."
Siempre me gustó esta idea de “retórica de la distancia”, porque yo, como muchos otros, supongo, deseo una cosa sobre todas las demás, y eso es, precisamente, que me dejen en paz. Mi propia retórica de la distancia, fatigosamente elaborada en la larga y desigual lucha contra el mundo, es una combinación de las dos estrategias que acabo de presentar: Siempre tengo una palabra halagüeña a flor de labios y, por las dudas, un palo en la mano.
Otro ejemplo de esa retórica, pero de un carácter casi opuesto, se encuentra en el libro Vida, poesía y locura de Friedrich Hölderlin, escrito por un contemporáneo suyo, Wilhelm Waiblinger, que solía visitarlo durante los años de la famosa “locura”. Entre otras cosas, dice esto: "Empleaba alocuciones corteses en todas partes y era como si realmente con ellas quisiera mantener expresamente las distancias con todo el mundo."
Siempre me gustó esta idea de “retórica de la distancia”, porque yo, como muchos otros, supongo, deseo una cosa sobre todas las demás, y eso es, precisamente, que me dejen en paz. Mi propia retórica de la distancia, fatigosamente elaborada en la larga y desigual lucha contra el mundo, es una combinación de las dos estrategias que acabo de presentar: Siempre tengo una palabra halagüeña a flor de labios y, por las dudas, un palo en la mano.
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Escritorios,
Inadecuaciones
viernes, julio 07, 2006
Dichos populares III: Entre gitanos no nos vamos a adivinar la suerte.
Recuerdo que cierta vez en una ciudad extraña, en un camino de tierra, me interceptaron tres gitanas y me ofrecieron anunciarme el porvenir. Yo era muy joven, tenía apenas dieciocho años y me encontraba en un estado miserable. On n’est pas sérieux quand on a dix-sept ans, nos dice Rimbaud, pero yo ya tenía dieciocho y, si bien faltaban dos años para que perdiera la fe definitivamente, ya era un chico grave. No me faltaban razones (Quien haya tenido que mendigar comida para sobrevivir sabrá comprenderme). Aunque mi presente era desgraciado, yo no quería saber mi futuro. Primero me limité a negarme con un gesto, pero las gitanas eran insistentes. Cedí. Ceder es fácil cuando nada importa. La gitana más gorda me dedicó una sonrisa desdentada y me agarró la mano. Apenas miró mi palma, se le arrugó la cara y desaparecieron los espacios vacantes de su mueca. Me dijo: “No, hijo, andá. Entre gitanos no nos vamos a adivinar la suerte”. Cuando llegué al macadam me di vuelta. Las gitanas habían desaparecido.
miércoles, julio 05, 2006
Mirándola
Una vez es demasiado, dos, un exceso. Nunca, lo más probable.
(...)E vidi da l'antica sua pregione
l'alma partir per abitare altrove,
e vidi inanti a lei per guida un cieco.
Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494)
(...)E vidi da l'antica sua pregione
l'alma partir per abitare altrove,
e vidi inanti a lei per guida un cieco.
Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494)
martes, julio 04, 2006
Gladius
Mediodía, cruzábamos Chenaut. Frente a nosotros, avanzaba una familia de gente fea: papá, mamá y en el medio una nena con cara de culo y una espada de He-man en la mano. Cuando pasamos a su lado, el padre le dice a la nena: "Metele a tu madre la espada en la nariz". Nos llevó una cuadra recuperarnos del ataque de risa.
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Escenas de la vida conyugal
lunes, julio 03, 2006
Divina proporción
El viernes antes de acostarme y después de hacer mi consabido número de Music Hall, me tomé dos whiskys. Esa noche soñé con dos leones. Dos leones machos que avanzaban por un prado hacia una cabaña en la que estaba yo, el fugitivo de la justicia.
Dos whiskys, dos leones. A veces la armonía divina se expresa en estas sencillas ecuaciones.
Dos whiskys, dos leones. A veces la armonía divina se expresa en estas sencillas ecuaciones.
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