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martes, septiembre 02, 2014

Trece.

Como todos saben, hasta 1860 los barrios de París eran 12. La expresión "casarse en el 13" ("Se marier à la mairie du 13e") significaba vivir en concubinato.
Cuando numeraron los nuevos barrios, de izquierda a derecha y de arriba a abajo, a la comuna de Passy le tocaba el 13. El "maire" se quejó con Haussmann y propuso la espiral actual. Así, Passy zafó del 13 de pecaminosas connotaciones y se quedó con el 16. Es decir que la actual numeración en espiral de los distritos de París se debió a un afán moralista.
Yo me casé precisamente en el 16ème. Aunque debo confesar que previamente vivía en concubinato, es decir, me había casado en el 13ème.

martes, noviembre 17, 2009

Ça branle dans le manche

Esta expresión francesa se refiere, si se la entiende en sentido literal, a algo que se agita -nosotros diríamos que "baila"- en el mango. El caso típico es el de un cuchillo en el que la hoja se ha aflojado y se mueve dentro del mango. En sentido figurado, la expresión alude a una persona poco sólida o inconsistente (Un personaje de L'éducation sentimentale es definido de ese modo por otro).
Entre los universales Tramontina de mango de madera que hay en nuestra cocina, había uno de esos cuchillos claudicantes y cada vez que yo sacaba uno del cajón era indefectiblemente ese (Un renglón más para la casuística de las leyes de Murphy, supongo). El cuchillo llegó a hacérseme tan odioso que cada vez que lo agarraba (esto es, casi siempre) juraba en voz alta que la próxima vez que lo agarrara lo iba a tirar a la basura. Naturalmente, jamás cumplía con mi amenaza que era invariablemente postergada hasta la siguiente ocasión. Hasta que un día, habiendo yo sacado el cuchillo claudicante del cajón y repetido mi traicionado juramento una vez más, mi legítima esposa, que se encontraba a mi lado, me lo quitó de la mano y sin decir palabra lo tiró al tacho de la basura.

Este gesto liberador, que acaso otra persona juzgaría algo brutal o fruto del fastidio, es para mí un conmovedor acto de amor.

viernes, septiembre 11, 2009

Argumento para no comprar whisky malo

"I'm not rich enough to buy cheap stuff."

Curiosamente, me encontré con este sabio proverbio inglés en un libro ruso.

martes, marzo 25, 2008

No se puede tener la mujer borracha y la botella llena

Anoche no podía dormir. Después de dar inútiles revoluciones sobre mí mismo me levanté y -como no soy yo hombre de pastillas- fui por la botella. Un Jim Beam de etiqueta negra de litro que le había encargado a mi suegro. Lo bueno de algunas botellas de whisky de litro es que no traen ese odioso pico vertedor de plástico que no sé por qué capricho de los destiladores viene en casi todas las botellas de tres cuartos. Es un dispositivo capaz de alterar la paciencia del más manso, un simulacro de mezquina catarata de orín de hombre mayor que se toma unos segundos imposibles antes de decidirse a salir (a cierta edad, escuché una vez, la felicidad consiste en orinar a la mañana sin problemas). Me traje también un vasito de 25 mililitros y me fui sirviendo de a poco. Mi mujer, mientras, leía una novela rusa y cada tanto me miraba de reojo. De vez en cuando también, me señalaba la amenazadora presencia de un mosquito posado sobre el techo. Finalmente dejó el libro y nos pusimos a conversar de cosas tristes. Entre una tristeza y otra me iba sacando algunos sorbitos tímidos del vaso. Entonces ella dijo una de las cosas más lindas que yo haya oído jamás sobre el whisky, que supera incluso a George Bernard Shaw y su "whisky is liquid sunshine". Ella dijo: "es como meterse en la cama, pero por adentro."
Y así, cama adentro y cama afuera, se terminó la botella, del mosquito ni noticias y yo esta mañana me fui a dar clases con una persistente resaca.

jueves, diciembre 14, 2006

Dichos populares IV: El burro no coge por lindo sino por insistidor.

*


En ciertos campos cuyanos es posible escuchar en la quietud de la noche un estampido seco. Son los poderosos cascos de las yeguas que golpean contra el paciente pecho de los burros. Para ellos no hay retajos* que les ahorren los riesgos y las amarguras del cortejo. Yunque corazonado, el pecho del borrico es la carne de cañón en la afanosa génesis de las mulas. El adjetivo “testarudo” no les hace justicia (¿Qué tiene aquí que ver la testa?), por eso la sabiduría popular ha preferido “insistidor”.
“Platero es pequeño, peludo, suave...” ¿Y lindo? Tal vez, pero no puede compararse con la belleza aristocrática del caballo: grande, vistoso y... cornudo. Porque al menos en este caso, las yeguas terminan por rendirse a la pasión adúltera (total, adúltero es también aquel que ama a su esposa/o demasiado ardientemente, como escribió Sesto Empírico en el siglo II). Y si es por pecar... en fin... es sabido que en el burro no todo es pequeño como nos dice Juan Ramón.


*Retajo: caballo entero (es decir, sin castrar) de mucha libido y poco precio que se utiliza en los haras de sangre pura de carrera para verificar el humor sexual de las yeguas. Debe ser barato porque es un gran riesgo exponer un padrillo valioso al rechazo, que puede manifestarse con patadas. Cuando la yegua entra en celo, se llevan al retajo y traen al padrillo para que haga lo suyo sin peligro alguno. Sí, es dura la vida del retajo.

viernes, julio 07, 2006

Dichos populares III: Entre gitanos no nos vamos a adivinar la suerte.

Recuerdo que cierta vez en una ciudad extraña, en un camino de tierra, me interceptaron tres gitanas y me ofrecieron anunciarme el porvenir. Yo era muy joven, tenía apenas dieciocho años y me encontraba en un estado miserable. On n’est pas sérieux quand on a dix-sept ans, nos dice Rimbaud, pero yo ya tenía dieciocho y, si bien faltaban dos años para que perdiera la fe definitivamente, ya era un chico grave. No me faltaban razones (Quien haya tenido que mendigar comida para sobrevivir sabrá comprenderme). Aunque mi presente era desgraciado, yo no quería saber mi futuro. Primero me limité a negarme con un gesto, pero las gitanas eran insistentes. Cedí. Ceder es fácil cuando nada importa. La gitana más gorda me dedicó una sonrisa desdentada y me agarró la mano. Apenas miró mi palma, se le arrugó la cara y desaparecieron los espacios vacantes de su mueca. Me dijo: “No, hijo, andá. Entre gitanos no nos vamos a adivinar la suerte”. Cuando llegué al macadam me di vuelta. Las gitanas habían desaparecido.

martes, marzo 14, 2006

Dichos populares II: Ya te va a tocar la chancha que no es de andar.

Cuando era chico tuve ocasión de ver allá en el campo el ejemplar espectáculo de una persecusión singular. Una chancha enfurecida corriendo a un hombre. Pocas cosas hay en la naturaleza más filosas que los dientes del porcino, verdadero arado de sangre caliente, acostumbrado a desbrozar el terreno en busca de raíces, o al menos, como diría el poeta, a buscar en el fango huesos, cáscaras... Por eso sería una torpeza confundir con cobardía la precipitada prudencia del paisano en fuga. Hecha esta aclaración, podemos pasar al dicho en sí.
El feliz enunciado “Ya te va a tocar la chancha que no es de andar” no puede ser comprendido cabalmente sin citar un segundo dicho campero que está de algún modo implícito en aquel, y es el siguiente: “Lo lleva como lechón pal’ pueblo” que se explica así: un sujeto A conduce a un sujeto B hacia un destino decidido por A y de una manera poco elegante y en cierto modo lesiva de la dignidad de B. Si es necesario explicar la metáfora, diremos que a un lechón se lo conduce al pueblo a pie, trotando delante de su propietario, quien de vez en cuando corrige sus desvíos y distracciones con el golpe de una vara en los cuartos traseros de la bestezuela.
Bien, que a un sujeto le toque la chancha que no es de andar quiere decir que le tocó enfrentarse con alguien que no acepta de ninguna manera el lenguaje de la vara en las nalgas ni mucho menos que decidan su destino por él. Naturalmente, el dicho se aplica a personas abusivas acostumbradas a conducir lechoncitos. Y ya sabemos que miserables es lo que está sobrando sobre esta piedra indiferente y giratoria.

Sépanlo, miserables, mezquinos, mediocres y autoritarios del mundo:

¡YA LES VA A TOCAR LA CHANCHA QUE NO ES DE ANDAR!

Y si me agarran cruzado, les diré, glosando a Flaubert, que la chancha que no es de andar soy yo.

Y mis dientes tienen un filo del demonio.

Vayan por la sombra, bastardos.

lunes, febrero 13, 2006

Dichos populares. Hoy: Colorado como bragueta de ladrillero.

Hacia fines del siglo XX estuve un tiempo prisionero y fui mano de obra esclava en un horno de ladrillos (No doy los detalles para evitar una fácil desmentida, como diría Artaud).
Nos mandaban a un campo regenteado por un señor aindiado, arrugado y bajito que nos maltrataba sistemáticamente y tenía un rostro muy dramático: Pocas veces vi tanto desprecio en una cara, y eso que he visto mucho. Nuestra tarea consistía en cargar pilas de ladrillos de barro desde un costado del pisadero hasta el horno y del horno hacia otro lugar en el que almacenaban la producción. Las pilas eran bastante altas y para transportarlas había que entrelazar las manos debajo del primer ladrillo y apoyar toda la pila contra el cuerpo para evitar que se cayeran al suelo con el movimiento de los pasos. Después de un rato, la cintura te quedaba a la miseria y la bragueta, colorada por el roce de los ladrillos. No está bueno ser un esclavo, sin embargo les estoy muy agradecido a mis verdugos porque gracias a ellos adquirí las competencias necesarias para entender el dicho popular que nos ocupa hoy.