He sabido este domingo que en cierto monte aislado florece, para nadie, una rosa china. Así lo ha hecho todos estos años hasta ahora. Pienso en esa rosa inaccesible como en un talismán protector que ejerce su poder sobre alguien que, a la distancia y distraído en el penoso comercio con el mundo, ignora su existencia. Hasta este domingo en que he sabido de la rosa que se abre entre malezas como la mano entrañable que supo sembrarla. Y he querido manejar los cientos de kilómetros que me separan de ese monte sólo para verla.
El lunes, al regresar a mi casa por el camino de todos los días, pensaba en todo esto y entonces la vi: una rosa china roja, no en un monte aislado, ni entre las malezas huérfanas, sino en un cantero de la calle en la esquina de mi casa. Paso a diario frente a ella, y sin embargo nunca la había visto. Hasta ayer.
Hay cosas que te hacen abrir los ojos.
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martes, agosto 25, 2009
jueves, septiembre 18, 2008
Labrys (o el concienzudo ignorador de señales vuelve al ataque)
Acomodando unos libros encontré un sobre cerrado. Era una carta fechada en 2004 dirigida a alguien que ya ha muerto hace un par de años. La tenue sensación entreverada de pudor y anacronismo que congeló mi mano por un instante no fue suficiente para evitar que finalmente abriera el sobre. Adentro había un folleto con información sobre cierto laberinto barroco, utilizado como "trampa erótica" por los caballeros de la primera mitad del siglo XVIII. Hasta ahí la cosa no tiene nada de extraño. Lo curioso es que esto haya sucedido en la misma semana en que empecé a desarrollar la unidad de mi seminario dedicada a los laberintos. Una vez más me veo tentado a interpretar la concomitancia de dos hechos particulares como una señal.
Una vez más voy a ignorar la señal.
Una vez más voy a ignorar la señal.
viernes, diciembre 07, 2007
La vida color de whisky (o cosas que te pasan cuando te vas de copas)
Anoche salí con Manantial a tomar unos whiskies y me pasaron las siguientes cosas:
1) Me encontré con un entrañable poeta que justo venía de presentar su libro (espléndido libro, por cierto)
2) Presencié como dos tipos apaleaban a un tercero (literalmente, porque la cosa era con palos)
3) Me encontré 50$ tirados en la calle.
1) Me encontré con un entrañable poeta que justo venía de presentar su libro (espléndido libro, por cierto)
2) Presencié como dos tipos apaleaban a un tercero (literalmente, porque la cosa era con palos)
3) Me encontré 50$ tirados en la calle.
miércoles, diciembre 05, 2007
Otra vez la burra al trigo
Por ejemplo esta clase de cosas: a la mañana leo un libro sobre la gauchesca, en particular la parte sobre Ascasubi. Esa misma tarde en el trabajo, pasando unos libros sobre el Risorgimento italiano, me encuentro con un volumen de 1856 dedicado de puño y letra por el autor (una especie de lugarteniente de Garibaldi) en 1861 a... Hilario Ascasubi. Esa misma noche en uno de esos clásicos eventos de fin de año y a partir de una circunstancia increíblemente azarosa uno de mis estudiantes me muestra en un mapa de cierto lugar del gran Buenos Aires la ubicación de su casa. Vive en la calle Hilario Ascasubi.
Nada le divierte más al mundo que andar tentando a un concienzudo ignorador de señales...
¿Qué querrá decirme el universo con su insistencia sobre este sujeto?

No sé y no me importa. Pero quiero que sepas que te estoy viendo, hijo de puta. Te estoy viendo.
Nada le divierte más al mundo que andar tentando a un concienzudo ignorador de señales...
¿Qué querrá decirme el universo con su insistencia sobre este sujeto?

No sé y no me importa. Pero quiero que sepas que te estoy viendo, hijo de puta. Te estoy viendo.
lunes, julio 16, 2007
Señales
Cuando mi nuevo vecino me golpea la puerta para pedirme con urgencia algo que sirva para improvisar un disfraz porque tiene una fiesta esa misma noche, cuando el lunes siguiente un trámite me requiere en una esquina en la que hay una casa de disfraces que jamás había advertido, cuando esa misma tarde una vieja amiga me manda un mail para invitarme a su fiesta de cumpleaños y en el "flyer" adjunto descubro que hay que ir rigurosamente disfrazado, no tengo el menor escrúpulo en confesar que tiendo a interpretar estos hechos lisa y llanamente como "señales". Compulsión de repetición, dirá el Freud de turno, caprichos del azar, los descreídos en general. Es posible, no me escandalizan esas reservas, y por eso no insisto y no menciono esa sensación en la espalda, esa leve presión como de preñez del aire, grávido de acontecimientos en ciernes. Ni siquiera me preocupa si la novedad que se prepara es buena o es mala, indulgente u ominosa.
Porque de cualquier modo, yo soy un concienzudo ignorador de señales, y, naturalmente, jamás asistí a la fiesta.
Porque de cualquier modo, yo soy un concienzudo ignorador de señales, y, naturalmente, jamás asistí a la fiesta.
viernes, julio 06, 2007
Nascondi le cose lontane
Pocos días después de la mudanza me vi compelido a revisar aquellas cajas perennemente arrastradas de casa en casa durante muchos años. Se trata de esas cajas que una y otra vez había juzgado irreductibles. Cajas con fotos, cartas, diplomas de la infancia y todo un coro de viejas veleidades ya disfónicas.
Era de noche. Me senté en el suelo junto a una caja enorme bajo la desnuda luz de una bombita (Todavía no puse ni una lámpara). Empecé a sacar cosas. Tiré cuadernos, estampitas, postales, tarjetas, souvenirs, pedacitos secos de melancolía. Releí algunas cartas de esas, las que todos tenemos y ninguno nombra. Mientras revisaba, encontré un carnet de un club al que debo haber ido dos meses cuando tenía siete u ocho años. Tenía la foto en blanco y negro de un chico que no reconocí. "Parece la foto de un chico muerto" pensé. El peinado con raya al costado, la camisa a cuadros, los ojos batiéndose en retirada. Le mostré la foto (¿mi foto?) a ella y lo dije en voz alta: "Mirá, parece la foto de un chico muerto". En ese exacto momento explotó la bombita con un ruido seco y ella pegó un grito. Nos quedamos casi a oscuras. Mirándonos mudos, en la piadosa penumbra.
Nascondi le cose lontane,
tu nebbia impalpabile e scialba,
tu fumo che ancora rampolli,
su l'alba,
da' lampi notturni e da' crolli
d'aeree frane!
Nascondi le cose lontane,
nascondimi quello che è morto!
Ch'io veda soltanto la siepe
dell'orto,
la mura ch'ha piene le crepe
di valerïane.
Nascondi le cose lontane:
Le cose son ebbre di pianto!
Ch'io veda i due peschi, i due meli,
soltanto,
che dànno i soavi lor mieli
pel nero mio pane.
Nascondi le cose lontane
che vogliono ch'ami e che vada!
Ch'io veda là solo quel bianco
di strada,
che un giorno ho da fare tra stanco
don don di campane...
Nascondi le cose lontane,
nascondile, involale al volo
del cuore! Ch'io veda il cipresso
là, solo,
qui, solo quest'orto, cui presso
sonnecchia il mio cane.
Giovanni Pascoli, Nebbia (1899)
Era de noche. Me senté en el suelo junto a una caja enorme bajo la desnuda luz de una bombita (Todavía no puse ni una lámpara). Empecé a sacar cosas. Tiré cuadernos, estampitas, postales, tarjetas, souvenirs, pedacitos secos de melancolía. Releí algunas cartas de esas, las que todos tenemos y ninguno nombra. Mientras revisaba, encontré un carnet de un club al que debo haber ido dos meses cuando tenía siete u ocho años. Tenía la foto en blanco y negro de un chico que no reconocí. "Parece la foto de un chico muerto" pensé. El peinado con raya al costado, la camisa a cuadros, los ojos batiéndose en retirada. Le mostré la foto (¿mi foto?) a ella y lo dije en voz alta: "Mirá, parece la foto de un chico muerto". En ese exacto momento explotó la bombita con un ruido seco y ella pegó un grito. Nos quedamos casi a oscuras. Mirándonos mudos, en la piadosa penumbra.
Nascondi le cose lontane,
tu nebbia impalpabile e scialba,
tu fumo che ancora rampolli,
su l'alba,
da' lampi notturni e da' crolli
d'aeree frane!
Nascondi le cose lontane,
nascondimi quello che è morto!
Ch'io veda soltanto la siepe
dell'orto,
la mura ch'ha piene le crepe
di valerïane.
Nascondi le cose lontane:
Le cose son ebbre di pianto!
Ch'io veda i due peschi, i due meli,
soltanto,
che dànno i soavi lor mieli
pel nero mio pane.
Nascondi le cose lontane
che vogliono ch'ami e che vada!
Ch'io veda là solo quel bianco
di strada,
che un giorno ho da fare tra stanco
don don di campane...
Nascondi le cose lontane,
nascondile, involale al volo
del cuore! Ch'io veda il cipresso
là, solo,
qui, solo quest'orto, cui presso
sonnecchia il mio cane.
Giovanni Pascoli, Nebbia (1899)
lunes, julio 03, 2006
Divina proporción
El viernes antes de acostarme y después de hacer mi consabido número de Music Hall, me tomé dos whiskys. Esa noche soñé con dos leones. Dos leones machos que avanzaban por un prado hacia una cabaña en la que estaba yo, el fugitivo de la justicia.
Dos whiskys, dos leones. A veces la armonía divina se expresa en estas sencillas ecuaciones.
Dos whiskys, dos leones. A veces la armonía divina se expresa en estas sencillas ecuaciones.
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